¡Cómo me parece largo, largo, este mes de mayo!

Al volver de Alemania, de paso por París, el Dr. Plinio escribe unas rápidas líneas, el 11 de mayo, día de la Ascensión. Sin embargo, la carta sólo llega a São Paulo alrededor del día 24.
Al enterarse del paso de su hijo por Colonia, doña Lucilia debe haber recordado aquellos lejanos días en que con él, niño, había visitado la “capital católica” de Alemania:

Valle del Rin

Valle del Rin

París, Ascensión, 1950.
Luzinha querida de mi corazón.
Ahí va una inmensa cantidad de garabatos —la mayoría destinada ¡hélas! a [otra persona] — para que usted mate las saudades. Tuve necesidad de hacer una rápida inmersión en Alemania, de la cual he regresado archicansado. En el Rin y en Colonia me acordé mucho de que ya la visitamos juntos. ¿Por qué nadie de ahí —ni usted— me escribe? (…) Puede ir comprando el feijão bien negro, mi amor: dentro de dos días iremos a Lourdes, si Dios quiere, y, de allí, a Roma. En fin, se aproxima el día en que estaré en los brazos de Lú! París es algo indecible. No puedo decirle cuánto me gusta.
Gracias a Dios, mis asuntos van bien. Mande esta carta a Rosée, a quien le escribí hace días. Desde Roma le escribiré. Muchos recuerdos a las tías, a Tío Néstor, a toda la familia (…); y a mi pueblo del 6º piso. Para usted, mi bien, millones de besos saudosísimos, todo el cariño y todo el respeto de su Pimbinchen… de 41 años!

Como los granos de un reloj de arena, cada día del mes de mayo va pasando lentamente en el calendario materno. Junio, con la perspectiva del regreso del Dr. Plinio, tal vez pase más de prisa. Por el momento se suceden las cartas portadoras de algo de su presencia, aliviando un poco al menos la pena de la separación. La del 24 de mayo, la responde al día siguiente, enviándole muchas y variadas noticias, a las cuales se mezclan las aprensiones del momento. En aquellos días, la llamada “guerra fría” llenaba con sus fragores las páginas de los diarios. Se hablaba frecuentemente de una posible invasión de Europa Occidental por las tropas rusas y la consecuente implantación del comunismo en los territorios ocupados, así como había ocurrido en los desgraciados países de la parte oriental del Viejo Continente. Teniendo en mente esa posibilidad, dice doña Lucilia en su carta que la Europa “que venga después del Año Santo no será para desear ser vista”, a menos que “nuestra religión católica” sea victoriosa en la lucha contra los rusos invasores. Se nota, por sus palabras, cómo para ella el asunto comunismo-anticomunismo era una guerra religiosa, en la que estaban en juego los más altos intereses de la Santa Iglesia.

Notre Dame de Paris

                                                              Notre Dame de Paris

S. Paulo 25-V-50
¡Hijo querido de mi corazón!
¡Me has dado a entender que has recibido pocas cartas mías! (…) Debes tener cartas mías en Madrid, algunas en el consulado de Lisboa y otras (…) en el Colegio Pío Latino. ¡Pensar que yo haya podido escribirte poco! ¡Mandé también dos al hotel Regina!

cap14_028
¿Adolphinho ha recibido mi carta? ¿Será posible que hayáis ido a Baviera sin ir a Munich? “München wie schon!” (¡Qué bonita es Munich!), decían los alemanes otrora y ¿cómo estará hoy? ¿Habéis visto a Teresa Neumann? (Mística alemana, entonces de gran renombre). Escribidme en seguida desde Roma, ¡sobre todo después de que hayas visto al Papa! Es muy natural que en Italia ya te sientas (con pesar) cercano del regreso, pero, hijo mío, no te entristezcas, no… Acuérdate, y demos gracias a Dios, de que este poco tiempo, para mi tan largo, ha sido suficiente para darte “un aperçu” (Una visión de conjunto) de lo que fue la Europa antigua, de la [ Edad] Media. Y, la que venga después del Año Santo,… no será para desear ser vista, y podrás, entonces, de un modo u otro, verla más tranquilamente y a gusto, principalmente, si por la misericordia de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen, fuesen disipados los malos presagios, y nuestra religión católica, saliese victoriosa.
Me ha gustado mucho la postal con la imagen de Ntra. Sra. de Fátima. ¿Cuándo recibiré una de Lourdes? Este es el mes de María y estoy con la imagen adornada de flores y una vela que, como bien sabes, arreglo en mi cuarto. Y más que nunca, persevero en las letanías y en mi “rosario de coquito” (
Coquito: En Brasil se llama coquinho (se pronuncia coquiño) a un pequeño fruto redondo que dan algunas palmeras, con cuya semilla es frecuente hacer rosarios ),con el que rezo siempre por mi hijo tan querido, hoy tan distante. ¡Cómo me parece largo, largo, este mes de mayo!… en el de junio,si Dios quiere, ya comienzo a esperarte. Quince de junio, me has dicho; ¿no es verdad? Rosée me ha escrito constantemente y pretende llegar el día 29 ó 30. Estoy ansiosa de que lleguen. Tus tías aún no han recibido cartas tuyas. Bien, querido mío, la charla es agradable pero me siento muy cansada, por eso termino. Y para ti, filhão, sólo el corazón lleno de saudades de tu madre extremosa y sus bendiciones,
Lucilia

Los días seguían transcurriendo con lentitud, ora mayor ora menor. Ya próximo el fin de mayo, una auspiciosa postal enviada desde la Ciudad Eterna, que desgraciadamente se había extraviado, interrumpe el silencio epistolar de dos semanas y anuncia que el viaje se acerca a su término.

“Tanto le pido a Dios que vuelvas ya como que puedas quedarte un poco más”

Como don João Paulo asumió el encargo de cuidar del despacho de abogacía del Dr. Plinio durante su ausencia, le escribe varias cartas a ese respecto, sin dejar de relatar en ellas en pocas palabras lo que pasaba en casa. Por una del 11 de marzo podemos medir cuánto le agradaba a doña Lucilia cada noticia recibida de su hijo:

Aquí llegó ayer tu carta del 6; recibida con el mayor de los placeres, especialmente por Lucilia que la ha leído por lo menos tres veces, (…) sigue hoy para Buenos Aires, dirigida a Rosée.
Por aquí, nada de nuevo en lo que nos atañe más de cerca. Lucilia está bien, una vez u otra siente que le aprietan las saudades, pero después vuelve a la normalidad, para lo que concurren sus hermanas, casi siempre de visita para las habituales cenas. No te preocupes por eso y aprovecha Europa de la mejor forma posible.

Dr. Plinio visitando Louvre

Dr. Plinio visitando Louvre

Uno de los alivios de doña Lucilia para sus saudades consistía en escribirle largas cartas al Dr. Plinio. Así, poco después de recibir la primera llegada de París, le envía una respuesta. Bien sabemos todo lo que representaba para ella la cultura francesa. No perdía, pues, ocasión de recomendarle a su hijo que visitase los lugares más interesantes.
Por los consejos que le da, se nota como encaraba una tournée por el viejo continente. Le parecía que un viaje por Europa debía tener el carácter de peregrinación en el sentido más amplio del término, pues todas las maravillas allí existentes eran fruto de la civilización cristiana y había que admirarlas con espíritu religioso, casi se diría que meditarlas. De ese modo, a pesar de que su hijo era ya un hombre maduro, se empeñaba en ayudarle a progresar espiritualmente durante esa estadía, recomendándole correr menos e incluso visitar menor número de lugares históricos, a fin de aprovecharlos mejor.
Por eso le pedía a Dios en sus oraciones que el viaje del Dr. Plinio se prolongase lo más posible, a pesar de que las saudades la llevasen a implorar su pronto regreso.

S. Paulo, 12-V-50
¡Mi querido hijo!
Por las cartas que te he enviado (…) habrás tenido noticias nuestras. Por otra escrita ayer por tu padre, ya debes haber sabido del fallecimiento de doña Nené Paula Leite. Como yo, debes sentir mucho esta muerte, pero para ella fue muy bueno, pues se fue junto a Dios, la Santísima Virgen y su queridísimo hijo José Gustavo.
Se sintió indispuesta el domingo, enferma el lunes, y el martes al amanecer entregó su alma a Dios. Tuve mucha pena de Antony y de sus hermanas; ¡estaban tan abatidos! y un tanto desorientados con la rapidez del hecho.
Estoy ansiosa por ver el retratito que Adolphinho le mandó a su madre, que me lo traerá mañana. ¿No crees que “yo también” voy a recibir uno de mi queridão?

"Estatuas"

                             «Estatuas»

Al ver Versalles ¿no te acordaste un poco del palacio de las “estuatas”? ¿Habéis ido al Trianón y al Petit Trianon? ¡No me hablas de ellos y son tan bonitos y próximos del primero! Te recuerdo también, si tienes tiempo, el museo Grévin, que es interesantísimo. Si no te fuese posible ir al [palacio] de Luxembourg y pasas cerca, aproxímate un poco para que puedas ver, desde la calle, Le penseur, obra prima de Rodin, que está colocado
en el pequeño jardín frente al edificio.
Mandé a Rosée, con promesa formal de devolución tu carta describiendo la maravillosa Sevilla, pero escrita desde París. Felizmente las noticias que mandan son buenas. Antonio ya ha viajado para Argentina el día diez y piensa que vendrán todos el día veinticinco o treinta. Tus tías están quejosas por no haber recibido de tu parte ni siquiera una postal. Les mostré tu última carta, en que me decías que ya les habías escrito. Después de tu partida, ellas han redoblado sus cariños conmigo. Hasta Dora, tan buenecita, que, a pesar del ajetreo que tiene por la casa nueva, se esfuerza lo más posible por serme agradable. ¡Que Dios la bendiga y la haga feliz! Zilí y Néstor nos llevaron el domingo pasado al Automóvil Club para que yo lo conociese antes de ser demolido, y allí cenamos los cuatro, además de Antonio Magalhães. Me gustó mucho todo, pero hablando y acordándome a cada momento de mi querido, que ciertamente, “mil veces gracias al buen Dios y a Nuestra Madre María Santísima”, debería también estar viendo cosas muy bonitas y necesarias bajo todos los puntos de vista.
Me olvidaba decirte que tus dos últimas cartas han llegado con los sobres tan mal pegados, o repegados, que con la punta de la uña las abrí rápidamente.
Escríbeme siempre, hablando un poco más de ti. ¿No estarás cansándote demasiado con el ansia de aprovechar el tiempo para ver lo más posible? Hijo mío, por el amor a Dios, ¡más cuidado con tu salud! De nada sirve verlo todo (aunque sea en mayor número) con estas carreras, con este afán. Es mejor ver menos pero examinar más, anotarlo todo bien, con más provecho y sosiego. ¿Cuándo vais a Lourdes y a Roma? Que Dios os acompañe y seáis muy felices. ¡Si Él no fuese Dios pensaría que estoy loca, pues tanto le pido para que vuelvas ya, como para que puedas quedarte un poco más! Es el fruto de
las muchas saudades.
Mando un abrazo para Adolphinho.
¿Y para ti, hijo querido? Todas mis bendiciones, mi afecto y cariño, abrazos y besos.
De tu mamá muy saudosa y extremosa,
Lucilia

Dr. Plinio en el año 1952

       Dr. Plinio en el año 1952

Antes de un rápido viaje a Alemania, el Dr. Plinio traza unas breves líneas en una postal con una vista de París. Durante las dos semanas siguientes, no llegaría a São Paulo ninguna correspondencia:

Lú, mi querida Manguinha.
¿Cómo decir las saudades que he sentido leyendo sus cartas? Me han dado ganas de volar hasta ahí para un encuentro lleno de besos; y volver, abriendo un paréntesis en esta ausencia tan larga. Me ha gustado inmensamente saber (…) que usted está bien… aunque saudosa a más no poder. Lo que veo aquí es el asombro de los asombros. He venido hoy de Versalles por segunda vez. ¿Ya está preparando la feijoada? Cuando llegue a Roma, puede ir comprando los condimentos.
Millones y millones de abrazos y besos de este filhão que la quiere y respeta indeciblemente y pide su bendición
Plinio

Carta desde París

El deseo de doña Lucilia referente a Fátima fue atendido antes de lo que ella imaginaba. Tal vez ese mismo día 6 de mayo, le llega a las manos, enviada por su hijo, una bonita tarjeta postal con la imagen de Nuestra Señora de Fátima dirigida a ella y a don João Paulo:

cap11_025Lisboa, 30/4/1950
De Fátima, donde he rezado por ambos, envío muchos abrazos, besos, saudades, y pido la bendición.
Plinio
PS. Digan a Tía Zilí que recé por lo que ella pidió.

cap11_024De paso rápidamente por la tierra de Camões, el Dr. Plinio tuvo la oportunidad de observar trazos bien característicos del alma portuguesa, presentes por su remoto origen en el modo de ser de doña Lucilia: la riqueza de afectividad y la dulzura lusas. Por ello, doña Lucilia, si bien nunca hubiese ido a la tierra de sus ancestrales, le tenía un gran amor.

La primera carta recibida desde París trajo a la memoria de doña Lucilia la temporada que había pasado en aquella incomparable ciudad, cuando la Belle Epoque entonaba su “canto de cisne”. Tanto más que el Dr. Plinio hace referencia a algunos lugares adonde su madre lo había llevado cuando pequeño —como por ejemplo el palacio de Versalles—, y que tanto le habían gustado.

Dr. Plinio en Portugal

                                                                        Dr. Plinio en Portugal

París, 6 de mayo de 1950
Luzinha queridísima
Querido Papá
Les escribo una carta desastrosa, porque el teclado [de la máquina de escribir] es diferente del nuestro, especialmente en lo que se refiere a las letras a, m, q. En todo caso, es mejor que nada y puedo ir más deprisa, aprovechando así el tiempo en París.
Les escribí desde España, estuve posteriormente en Portugal, incluso en Fátima, desde donde les escribí postales. En Lisboa, recibí las cartas de ahí. Viajé por todo Portugal en dos días fulminantes, y en seguida fui a París en avión.
Nuestro hotel está a dos pasos del Louvre. Ya he estado en Versalles. He visitado Notre Dame, S. Germain l’Auxerrois, donde fue dada la señal para la masacre de S. Bartolomé, etc. Es inútil y absolutamente imposible decir la impresión que todos estos monumentos causan. Debemos ir mañana a S. Cloud y a Fontainebleau.
Me han gustado enormemente las noticias que Papá me dio sobre los negocios.
En cuanto a recibir mi sueldo, es simplísimo: basta ir a la Secretaría de Hacienda el día 13 y pedir que le paguen. Todas las formalidades están ya cumplidas.
Me gustó inmensamente ver con cuánto sentido común mi Lady Perfection (Apodo cariñoso dado por el Dr. Plinio a su madre, quien gustaba hacer todas las cosas perfectamente) está tomando esta separación. Me estoy muriendo de saudades de nuestras conversaciones. Hay aquí un conjunto de relojes que marcan las diversas horas del mundo entero. Cuando paso por él, pienso siempre en lo que estará haciendo mi Marquesa a esta hora. Y tengo una preocupación no pequeña en lo que se refiere a los horarios de oración.
Estoy absolutamente sin noticias de Rosée y de los suyos. Le mandé un telegrama cuando llegué a Madrid y no he obtenido respuesta. Las cartas de ahí nada me dicen al respecto. Quiero que esta carta sea leída a la gente del 6º piso y enviada después a Buenos Aires.
Tampoco tengo ninguna noticia de la gente del 6º piso. ¿Qué hace esa banda de perezosos?
Sólo he recibido una carta de Tía Zilí, carta muy cariñosa, que respondí hace muchos días. Les he escrito a Tía Yayá, Dora y Telémaco, (…) Antony y a los del 6º piso. Ninguna respuesta: “Voilà qui est beau” (“¡Qué belleza!” Equivale a una queja por la ausencia de correspondencia).
Pienso que aún me quedaré en París una semana, e iré después a Lourdes y a Roma. Cuando llegue a Roma, mamá puede comenzar a preparar la feijoada.
Mil millones de besos y abrazos para mi Manguinha del corazón.
Mil abrazos para Papá. A ambos pido la bendición.
Abrazos también a las tías, Antonio, Dora y Telémaco y a toda la familia.
Para la gente del 6º piso nada, mientras no me respondan.
Del hijo que muchísimo les quiere,
Plinio

Continúa el viaje…

Nuestra Señera de Begoña

Nuestra Señera de Begoña

Doña Lucilia vuelve a insistirle a su hijo, en esta carta, que mande celebrar una Misa en la iglesia de Nuestra Señora de Begoña, en Bilbao, por las intenciones de doña Rosée. Hacía esta petición con frecuencia por ver en una foto de la imagen una acentuada semejanza fisonómica con su hija (El Dr. Plinio pidió a un obispo conocido, que fue a España a fines de aquel año, que celebrase allí la Misa encomendada por doña Lucilia. Éste no sólo lo hizo, sino también le envió postales del santuario). De ahí su especial devoción a esa invocación de la Santísima Virgen.
El día 3 de mayo, uno de los amigos del Dr. Plinio residente en São Paulo partía para París. Si bien llevaba la carta escrita pocos días antes por doña Lucilia, las saudades que ésta tenía le hicieron escribir otra a última hora. En esas líneas se ve de nuevo cómo lo que más deseaba para su hijo era el crecimiento en gracia, y el empeño con que se lo pedía a Dios.
No pierde oportunidad para dar pequeños consejos a su “corpulentísimo expimbinchen”. En aquella época, como secuela de la guerra, Europa aún se debatía en graves crisis. Por eso no estaban a disposición del público, con la abundancia deseada, ciertos alimentos básicos. Llegó a los oídos de doña Lucilia que su hijo había reclamado, en restaurantes, a ese respecto y ella decidió recomendarle que, en el país de los ímpetus heroicos, suavizase los suyos.
Termina la misiva con otra tocante muestra de cuánto la virtud de la gratitud es sólida en su alma:

sdlS. Paulo, 3-5-1950
¡Hijo mío tan querido!
¡Cuántas saudades! ¡Cuántas saudades! (…) Permita Dios que te encuentres muy bien de salud y de espíritu, cada vez (…) más entusiasmado, curioso y lleno de fe, gracias, que, como buen hijo, tanto mereces. Di a tus queridos compañeros y amigos que hago extensivos todos estos votos para ellos.
Hoy a las ocho y media, he ido al Sagrado Corazón de Jesús, donde he comulgado y he asistido a una Misa que había encargado por tu felicidad, y por tus empresas.
Por una carta de Adolphinho, Yayá ha sabido que has creado por ahí algunos “pequeños incidentes”, por la falta de azúcar y mantequilla. Mejor que nadie comprendo el sacrificio que para ti eso representa, pero es necesario que tengas mucha paciencia y prudencia, a fin de evitar algo de irremediable o desagradable para ti y para tus amigos.
Pienso que, “una vez, al menos, para conocer” deberíais ir a los teatros de la “Opera”, «Comédie Française” y al “Odeon”. (…)
Almorcé ayer en casa de Zilí y hoy, debemos cenar todos en casa de Yayá.
Rosée ha escrito siempre y añora a los suyos y a los de la casa, pero Antonio está quedándose tanto en la finca que pienso sólo volverán a principios de junio.
Escríbeme siempre ¿De acuerdo? (…) Saluda de mi parte al “grupo”.
Me olvidaba de hablarte de José Gustavo. Yayá y Dora me han hecho notar la falta que hace en el salón del “sexto”, un buen retrato (más grande) de José Gustavo, en lo que concuerdo plenamente. Acordaos y contentaos con las dádivas de São Sebastião y el buen alquiler del sexto que hizo Antoni, y cuánto le sería grato ver allí un buen retrato de su hijo! (Se refiere a José Gustavo de Souza Queiroz, fallecido hacía poco, quien, por testamento, otorgó parte de sus propiedades a sus compañeros de lucha por la causa católica doña Lucilia desea que no se olviden de él ni de su generoso gesto). Concuerda conmigo; ¿sí? ¡Te lo pido!
Terminando, te pido también oraciones en Fátima, Lourdes y Sta. Catalina (Doña Lucilia se refiere a la capilla de la Medalla Milagrosa, donde Nuestra Señora se le apareció a Santa Catalina Labouré).
¡Saudosa, te abrazo y beso mucho y mucho! Te bendice, tu madre extremosa,
Lucilia

Antes de ir a Portugal, en donde pasaría por Fátima para rezar por doña Lucilia, el Dr. Plinio tuvo la feliz oportunidad de visitar la maravillosa Sevilla.

“Quien no vio Sevilla no vio maravilla”

Incontables aspectos atraerían la atención del Dr. Plinio en la pintoresca ciudad.
Después de un día de visitas, a la noche mientras escribía a doña Lucilia, todas las impresiones le volvieron a la memoria. Decidió entonces contarle a su madre, resumidamente, algunas de ellas. Lo mejor, lo dejó para cuando volviese a São Paulo.

cap11_013Sevilla, 26-IV-1950
Mãezinha querida del corazón,
Querido Papá,
Les escribo desde uno de los lugares más bonitos del mundo. (…) ¡He tenido que despertarme a las 6! El avión Madrid-Sevilla debía despegar a las 8 del aeropuerto de Barajas. Pero esa gente (…) exige la presencia de los pasajeros mucho antes del embarque. Al final, embarcamos malhumorados y aquí llegamos; yo dormité durante casi todo el viaje.
Mal aterrizamos, me llamó la atención el jardincito del aeropuerto: flores como nunca vi en tamaño, color, perfume. Son muy bonitas. Pensé en seguida en mamá y en el placer que tendría en ofrecerle unas rosas de aquí. Después, verificamos por los campos que median entre el aeropuerto y la ciudad, que aquí los prados son abundantemente floridos.
Es primavera. Es necesario haber visto una primavera sevillana para quien quiera hablar de asuntos de la naturaleza. Llegamos al hotel Alfonso XIII. Es una inmensa construcción

Hotel Alfonso XIII

                                    Hotel Alfonso XIII

de 1910, más o menos, en estilo regional: estructura mora y decoración en estilo Renacimiento. El lujo es grande. Visité la suite destinada a los Reyes, decorada con una corona real. Uno de sus huéspedes mas recientes fue el Rey Carol (Carol II, Rey de Rumanía, de 1930-1940). Pero, más que lujosa, es de buen gusto. Estoy escribiendo junto al patio interior, que es indescriptible. (…) Comulgamos aquí, en la Catedral gótica: parece un cuento de hadas.
Tiene de alto unos 30 metros, de largo unos 100 y de ancho unos 60.
El bosque de columnas es admirable. Corresponde a todo cuanto se podría desear. Es de llenar el alma. Me gustaría ir a Granada, que no está muy distante, pero no podremos hacerlo por falta de tiempo.
Debemos estar en Madrid el miércoles, yendo acto seguido a Lisboa… ¡donde espero encontrar correspondencia en cantidad! (…)
Para usted, mamá, mi amor querido, millones y millones de besos.
Para Papá, muchos abrazos llenos de saudades. A ambos les pido la
bendición.
Plinio

P.S.: Mamá, ¿recibió usted mi telegrama de Barcelona por el día 22?
Muestre esta carta a los del 6º piso.

cap11_017

Comulgamos aquí, en la Catedral gótica: parece un cuento de hadas. Tiene de alto unos 30 metros, de largo unos 100 y de ancho unos 60

Poco después de terminar la lectura de estas líneas, doña Lucilia, agradecida, redacta una respuesta a su tan amado hijo, en la cual vemos, una vez más, la resignación con que generosamente ofrece el sacrificio que le pide la Providencia en aras de los intereses de la causa católica y del propio Dr. Plinio:

São Paulo, 6-V-950
¡Hijo querido de mi corazón!
Con inmenso gusto recibí tu carta de Sevilla y estoy ansiosa por recibir otras desde Fátima, Lourdes y París, y más tarde, desde Roma, del Vaticano, del Santo Padre y en fin, ¡la de tu regreso! Hijo mío, tengo un inmenso gusto en verte hacer este viaje, tan necesario bajo todos los aspectos y en tan buenas condiciones y excelente compañía de tan buenos y dedicados amigos, y, por todo eso, doy infinitas gracias a Dios y a María Santísima, que os acompañará todo el tiempo. Y por eso, querido, no des atención a unos pequeños gemidos, que parten apenas de las saudades, en los que no debemos prestar atención. (…)
No he ido todavía al mes de María, porque ha llovido y refrescado mucho, pero, como sabes, tengo en el cuarto la imagen llena de flores. Delante de ella rezo el rosario y la letanía y otras oraciones, por las bendiciones y felicidades de mi hijo querido, de sus amigos, de mi hija, nieta, por Antonio… etc.
A ver si les escribes a tus tías; ¿sí? Me darías con eso un gran gusto.
Yayá almorzó hoy aquí; está bien y va a organizar un juego de bridge en su casa hoy por la noche.
¿Basta de conversación? Termino enviándote junto con mis bendiciones muchos y muchos besos y abrazos. ¡¡¡El sofá de jacarandá también tiene unas saudades…!!!
Un abrazo más y otro beso de tu madre extremosa,
Lucilia