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Durante conversaciones con amigos, o incluso en conferencias del Autor de “Doña Lucilia”, los participantes daban vivas muestras de simpatía al oír contar algún hecho ilustrativo de la vida de aquella bondadosa señora.

Junto con ese deseo de conocer su vida, podía apreciarse el encanto que producían las fotografías de doña Lucilia en la mayor parte de los ambientes, llegando manifestaciones de admiración de todas partes.

— ¡Qué maravilla!

— ¡Qué bondad!

— ¿Quién es esta señora tan distinguida? — Exclamaciones semejantes a éstas se multiplican.

Otro pequeño hecho nos sirve de botón de muestra. Una señora residente en la ciudad de Catanduva (SP — Brasil), se encontraba afligida con problemas familiares. Al saber que doña Lucilia estaba sepultada en el Cementerio de la Consolación, en São Paulo, exclamó muy impresionada por su caritativo semblante:

— ¡Qué señora tan suave! Iré a rezar a su tumba.

También en São Paulo capital ocurrió algo semejante. Un joven dejó su vehículo en el taller para ser reparado. Días más tarde, al ir a recogerlo, el mecánico le preguntó, refiriéndose a una foto de doña Lucilia que había encontrado en el auto.

— ¿Quién es esta señora?

Y sin esperar respuesta, afirmó:

— Para mí que es un hada, o una princesa… o una santa.

No fue diferente la reacción de algunas personas en Chile. Cuatro señoras conversaban entre sí. Una de ellas, al ver la fotografía de doña Lucilia, comentó:

— Es impresionante la paz de alma que se siente al verla.

Todas estuvieron de acuerdo. Otra señora añadió que la mirada de la venerable dama paulista la dejaba impresionadísima.

En Colombia, al tratar con el propietario de una tienda de cuadros sobre la restauración del marco de una fotografía de doña Lucilia, dos jóvenes de aquel país se sorprendieron al oír del comerciante una conmovida pregunta:

— ¿Quién es ésta señora tan cariñosa? ¡Qué buena es!

En vista de su reacción le regalaron una fotografía de ella. Quedó tan agradecido que no les cobró nada por su trabajo.

Un marqués español, viendo el retrato de doña Lucilia, comentó:

— Se ve que era una santa. Debió ser una persona muy virtuosa.

Impresiona constatar, sobre todo en los países de habla española, la buena acogida a los hechos y fotos de doña Lucilia de parte de personas de diversas clases sociales. A veces llegan a soñar con doña Lucilia sin haberla conocido y solo pasados algunos años, al encontrarse con una fotografía de ella, se quedan admiradas — y en algunos casos hasta lloran de emoción — al conferir que ya la conocían.

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