Inesperados obstáculos en plena negociación de una venta

Había ocurrido un radical e inexplicable cambio de comportamiento de parte de él. De inmediato asocié ese cambio a una intervención de Dña. Lucilia.

 Elizabete Fátima Talarico Astorino

La familia de María Baghdikian, de São Paulo, se encontraba en una delicada situación financiera cuando decidió vender un inmueble recibido en herencia. Un inesperado percance, no obstante, vino a amenazar el éxito del negocio:

«Conseguimos un comprador, acordando entregarle el inmueble completamente desocupado en el plazo de tres meses. La planta baja del mismo estaba ocupada por nosotros. La parte superior estaba alquilada a una persona que desde el inicio del arrendamiento conocía nuestra intención de venderlo. Este inquilino, con quien teníamos una antigua relación de buena confianza, había asumido el compromiso de desalojarla en caso de venta, de modo que no pusiera trabas.

«Sin embargo, a partir del momento en que se cerró el contrato, pasó a adoptar un comportamiento negativo: extremamente agresivo, se oponía a desalojar el inmueble, de manera que hacía inviable la venta».

Le agradezco a ella su bondad y rapidez con las que me socorrió

En ese momento de tensión fue cuando un pariente le aconsejó a María que recurriera a la intervención de Dña. Lucilia, con el fin de que se solucionara a tiempo:

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«Intentamos convencerlo de que cumpliera lo acordado verbalmente. Pero las conversaciones se fueron complicando y transformándose en discusiones y fricciones. Así, el tiempo iba pasando, el plazo final para la entrega de la propiedad se acercaba y el riesgo de perder la venta se volvía cada vez más real debido a la creciente obstinación del inquilino.

«Faltaban diez días para que terminara el plazo y tuvimos una áspera discusión, en la que él se comportó de forma mucho más agresiva y vulgar.

«Extremadamente afligida, decidí hablar con mi tío para preguntarle si tendría alguna idea o sugerencia que darme. Viendo que no se resolvería el problema sino era a través de la vía judicial, solución que al demorarse mucho tiempo podría invalidar el contrato, me sugirió que recurriera a Dña. Lucilia.

«Recé, inmediatamente, tres rosarios para pedirle su intercesión. Poco después se presentó el inquilino, de modo inesperado, en la planta baja del inmueble, donde me encontraba, y espontánea y sorprendentemente me dijo que iba a desocupar la vivienda.

«Había ocurrido un radical e inexplicable cambio de comportamiento de parte de él. De inmediato asocié ese cambio a una intervención de Dña. Lucilia. Le doy gracias a Dios por el favor que me hizo por intercesión de ella y a ella le agradezco su bondad y rapidez con las que me socorrió».

(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, junio 2021)

Ayudando a una madre con la recuperación de su hijo

Doña Lucilia nunca se cansa de hacer el bien. Hasta se diría que está, en todo momento, buscando a algún necesitado al que pudiera socorrer. Y parece que tiene especial solicitud en relación con las madres que piden por sus hijos…

 Elizabete Fátima Talarico Astorino

Nos cuenta Licia Aparecida Moreira, residente en la ciudad de São João do Itaperiú (Brasil), que a principios de noviembre recibió en su casa la visita de un par de misioneros de los Heraldos del Evangelio. En aquella circunstancia les narró una fatalidad por la que pasó su hijo Leonardo de Oliveira, de 23 años.

Sin duda, Dña. Lucilia seguirá ayudando en la completa recuperación de Leonardo
Leonardo de Oliveira junto con sus padres

El 2 de agosto de 2022, fue accidentalmente aplastado por una pesada plancha de hierro durante el trabajo, llegándose a fracturar dos vértebras y a quedarse sin el movimiento de sus miembros inferiores. Refiere Licia: «Perdió todo el equilibrio de su cuerpo, solamente permanecía sentado con nuestra ayuda, o apoyado en almohadas. No conseguía moverse por sí mismo, ni siquiera pasar de la cama a la silla de ruedas».

Tras haberles comentado a los misioneros esta preocupación suya y que estaba pensando buscar un tratamiento en otro estado, ellos le entregaron una fotografía de Dña. Lucilia, aconsejándoles —a la madre y al hijo— que le hicieran una novena a esta bondadosa señora, pidiéndole que intercediera en la recuperación del joven.

Unos días después, Licia envió un mensaje a los misioneros donde les comunicaba que la misma semana en la que los habían visitado, su hijo empezó a mostrar signos de mejoría: había adquirido más firmeza en su cuerpo, ya podía mantenerse sentado solo y desplazarse de la cama a la silla de ruedas; en fin, presentaba los primeros indicios de que podría volver a llevar una vida independiente. Y el 20 de diciembre comenzó a mover las piernas, ¡antes completamente inertes!

Aunque todavía falte un largo camino por recorrer para que Leonardo recupere la movilidad normal, Licia sigue rezándole a Dña. Lucilia y confiando en su intercesión, pues a ella le atribuyó estas auspiciosas mejoras, las cuales llenaron de esperanza a la familia.

(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, marzo 2023)

No es mera casualidad

Ahora Carmen recurre, confiada, a su intercesora para resolver una cuestión familiar: «Sé que con su ayuda lo conseguiremos».

 Elizabete Fátima Talarico Astorino

Carmen Iris Urbano Pacheco, de Perú, también nos transmite su gratitud a Dña. Lucilia, que la socorrió con prontitud en un apuro económico.

Siendo propietaria de una tienda, cierto día le faltó el dinero necesario para saldar una deuda, de cuyo importe únicamente tenía la trigésima parte… Muy afligida, recurrió enseguida al amparo de Dña. Lucilia: «¿Y ahora qué hago? ¡Mamita, ayúdame! Tengo que pagar esa cuenta. ¡Ayúdame, ayúdame!».

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Doña Lucilia con su bisnieto

El proveedor de ventas al que le debía tal cantidad llegaría a su tienda a primera hora de la mañana para cobrar. Sin embargo, por diversas razones tan sólo se presentó en el local a las tres de la tarde. Carmen vio en ese imprevisto el auxilio de Dña. Lucilia, ya que en ese ínterin logró, con gran asombro, vender todo lo necesario para cancelar la deuda.

«No sé cómo, pero el hecho es que Dña. Lucilia me ayudó a reunir todo el dinero que me hacía falta. Ese día se lo agradecí mucho a ella, y siempre se lo agradeceré», declara llena de reconocimiento. Y concluye: «Cuando les conté este episodio a otras personas, me dijeron que no era una casualidad».

Ahora Carmen recurre, confiada, a su intercesora para resolver una cuestión familiar: «Sé que con su ayuda lo conseguiremos». Y deseosa de que otras personas se beneficien de ese maternal amparo, añade: «Sé que Dña. Lucilia, mi mamita, nos estará guiando a cada uno de nosotros y a todo aquel que anhela tener un corazón como el de ella, que es para nosotros un ejemplo».

(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, marzo 2023)

«Me siento una hija predilecta de Dña. Lucilia»

Apenas había terminado de rezar cuando su perrito se le acerca deseoso de un poco de atención…

 Elizabete Fátima Talarico Astorino

La bondad de esta extremosa señora se manifestó también en Fátima Clara María Rodríguez de González Zúñiga, de Lima, la cual ya había sido favorecida por su intercesión en la curación de una toxoplasmosis ocular. Habiendo comprobado cómo Dña. Lucilia atiende a quien la busca, decidió pedirle ayuda con otro problema de salud.

Con inigualable solicitud, Dña. Lucilia atendió la petición que le fue hecha
Fátima Rodríguez con la biografía de Dña. Lucilia en sus manos

Así nos lo narra: «Hace unos años sufrí un accidente automovilístico y me llevaron a Urgencias. No me fracturé nada, pero quedé con el brazo derecho magullado». El dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo, especialmente durante el invierno o cuando sujetaba algo pesado; sólo podía levantar el brazo hasta cierta altura, sin contar con otras limitaciones motrices. Le diagnosticaron bursitis, acompañada de calcificación en el tendón subyacente. Se siguieron varias sesiones de fisioterapia, que aliviaban el dolor durante un tiempo, pero pronto volvía el mismo tormento. Hasta las mantas que le rozaban el brazo al acostarse eran un suplicio.

Un día por la mañana, mientras se quitaba el abrigo para empezar las tareas domésticas, hizo un movimiento brusco con el brazo y oyó un crujido en el hombro, seguido de un dolor tremendo. Con la otra mano intentó sujetar el brazo afectado y se dirigió a su habitación, donde esperó a que su esposo terminara de trabajar para almorzar y la llevara a Urgencias. Mientras tanto se confió a la divina voluntad del Señor y a la maternal intercesión de Dña. Lucilia.

Apenas había terminado de rezar cuando su perrito se le acerca deseoso de un poco de atención. Como sentía mucho dolor, quiso apartarlo y, en un acto reflejo, estiró el brazo derecho. Entonces se dio cuenta de que el dolor había desaparecido y que había recuperado el movimiento completo del miembro, una constatación acompañada de un gran consuelo sobrenatural.

Desde aquel día los constantes y agudos dolores que sufría no volvieron más. Y así termina Fátima su relato: «Me siento una hija predilecta de Dña. Lucilia. A veces basta con mirar su fotografía para sentir que me comprende, y entonces le comunico mis preocupaciones».

Y Fátima Rodríguez no es la única que tiene esta convicción. De hecho, todos los que acuden a Dña. Lucilia sienten los torrentes de amor y de bondad que de ella emanan, y adquieren la certeza de que jamás serán confundidos.

(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, marzo 2023)

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