Los ojos son la ventana del alma. De hecho, nada se compara a la mirada llena de unción de un alma virtuosa, cuya expresión transmite lecciones infinitas, eleva y santifica.
Creo que una de las cosas más pungentes en la vida es conocer una gran mirada –de una gran alma– y, de repente, verse privado de ella porque se cerró para siempre y el alma se fue a Dios. Aquello que se vio no se verá más, no se profundizará más, no se conocerá más como se debería haber conocido, y de ahí en adelante solo es la eternidad…
Comunicación de miradas más allá de la muerte
Mil veces yo peregriné dentro de los ojos de mi madre, pero ¡cuántas y cuántas veces, y a partir de cuántas puertas de esa mirada! Su mirada cuando me miraba, cuando yo la veía mirando dentro de mi mirada; su mirada cuando rezaba; su mirada vista de lado, su mirada vista por detrás, percibida apenas por imponderables, sin verla.
Cuando ella falleció yo me puse esta pregunta: “Para esta vida se terminó, se acabó, nunca más pasearé dentro de esta mirada y nunca más desvendaré esta alma… Ahora, Plinio, pregúntate: ‘¿Tú aprovechaste ese tesoro? ¿Miraste todo lo que tenías que ver y llegaste hasta su último conocimiento? ¿Serás capaz de hacer el viaje retrospectivo y complementarlo a través de velos sucesivos?’” Yo me hice la pregunta distendido y calmado, en medio del llanto de la muerte. Y con toda serenidad me respondí a mí mismo: “Sí y enteramente.” ¡Se acabó, pero tengo todo, llevo todo, ojalá haya asimilado todo! Tal vez ella haya muerto a tiempo para comunicarme los últimos fuegos de una mirada en que la luz de la vida, el lumen rationis, cintilaban, pero aún tenían bellezas nuevas para comunicarme. Sin embargo, siento como si tal vez hace poco me hubiera comunicado con ella.
Una ventana de la eternidad que se abre
El otro día, un rayo de sol incidió sobre una fotografía de ella, abarcando inclusive las flores alrededor, que tomaron vida, parecían flores paradisíacas, iluminadas por dentro. ¡Algo extraordinario!
Si quisiéramos iluminar una foto, jamás conseguiríamos hacer algo parecido. Me acuerdo un poco de esas imágenes modernas que hay hoy en día en las calles, iluminadas por dentro. Pero era, sin comparación, mejor. Su fisionomía relució, dando la idea de una ventana de la eternidad que se abría, transmitía algo que no tiene nada que ver con esta Tierra. Me dio la impresión de que ella estaba tan viva que se diría que comenzaría a hablar con alguien que estuviera allí para hacerle una pregunta. Digo aún más: con una animación que años antes de su muerte ya no tenía, ya muy abatida por la edad.
Parecía bien dispuesta, hasta fuerte. Se diría que había pasado una temporada por fuera, que descansó…
Mirada de futuro, de metafísica y de fe



Hay otra mirada, de una fisionomía de ella a los cincuenta años. Es de tal seriedad, que podría ser colocada al lado de una foto de San Pío X o de San Charbel Makhlouf, aunque la mirada de él no tenga esa tristeza. Es una mirada ordenadora para nuestra alma y, puesta en un cuadro en un ambiente, influencia la sala, acompaña a las personas. Si alguien me pregunta cuál fue la influencia de Doña Lucilia en mi formación, yo diría: “¡Vea, ahí está!” Debemos sentirnos en casa en presencia de esa fisionomía, la cual se podría denominar: “Contra-Revolución tendencial.” Mi madre ejercía una acción pacificante ya a distancia. Eso es paz. Ella hizo una verdadera psicología con los brasileños, permitiendo que, antes de esa foto, nos llegara a las manos el “Quadrinho”1. Los dos cuadros hacen una combinación perfecta. El “Quadrinho” la refleja mucho más en la intimidad. El otro expresa su fisionomía cuando se encontraba en otros ambientes. Se ve que ella hace un esfuerzo para no romper lo que resta de amistad con los demás, para poder hacerles bien. La mirada refleja una visión del futuro, pero, sobre todo, en función de la ofensa a Dios, de aquello que ella veía en el Corazón de Jesús, entristecido por los pecados de los hombres. Es un acto de fe, de metafísica viva. Quien hizo ese acto de fe, tiene una limpieza del sentido metafísico colosal. Hay tal integridad, por donde vemos que ella era consciente de que, si aceptara, por ejemplo, una joya un poco moderna, quebraba la fe. Es la fisionomía más seria que vi en mi vida, al mismo tiempo con una calma extraordinaria, la cual se refleja mucho por el conjunto de la fisionomía y por todo el cuerpo, en el cual no hay un músculo contraído. Ella tenía una noción de delicadeza proveniente del hecho de ser muy digna, seria, siendo ella misma, no queriendo ser sino lo que era, sin ambición desmedida. No tenía jamás una sonrisa que significara cualquier connivencia con lo que hubiese de revolucionario en el ambiente. Es una fisionomía que nos prepara para los acontecimientos de Fátima.
Ejercicio para la visión beatífica
Así veo yo sucesivamente las miradas, las cosas que esta vida nos presenta. Eso es vivir. Y no hacer eso es no vivir. Hablar, en el fondo, es decir cosas de esas. Y quien nunca pensó ni vio, y no tuvo cosas semejantes en vista, y nunca hizo eso, de ese, yo tengo dificultad de explicarme a mí mismo cómo estará pronto para la visión beatífica. Porque la visión beatífica es eso: ¡ver a Dios cara a cara y peregrinar dentro de Él siempre, siempre, inmutable y nuevo para nosotros, afable, majestuoso, acogedor!
Y nosotros dentro de Él superponiendo aspectos sucesivos, para formar una cognición que nunca cesará. Porque jamás lo conoceremos en su totalidad. ¡Eso será nuestra alegría en el Cielo!
(Extraído de conferencias del 23/12/1976, 7/3/1982 y 20/8/1987)
- Cuadro al óleo que le agradó mucho al Dr. Plinio, pintado por uno de sus discípulos con base en las últimas fotografías de Doña Lucilia. ↩︎








