“Las palabras de Cristo no pasan”

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En Barcelona pasé días agradabilísimos.

A medida que se van los días, a pesar de las saudades, encontramos a doña Lucilia siempre en paz y señora de sí, como nos lo demuestran sus cartas. En su equilibrada actitud vemos relucir el sentimiento materno, profundo y amoroso, guiado por las virtudes de la fe y la templanza.

São Paulo, 22-7-52.
¡Hijo querido de mi corazón saudoso! Esperaba recibir una carta… ¡y nada! Probablemente tendré una mañana, ¿no es verdad? Me llegan a las manos de ordinario, los martes o miércoles. Ya te envié una la semana pasada para Madrid, ¿fue recibida? Recelo que sean muy largas y fastidiosas, pero ¿sabes querido? éste es todavía el único medio de hacerme la ilusión de que, de algún modo, estoy un poco contigo. No sé por qué, pero siento con frecuencia una fuerte preocupación de corazón o espíritu, como si no te sintieras bien de salud, ni de espíritu. No abuses de los platos deliciosos, pero excesivamente elaborados, de los restaurantes. Cuidado con el hígado, que es nuestro mal de familia.
Por lo demás, “tengamos fe”, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, han de velarte y protegerte de todas las formas. ¡Rezo y pido tanto al “Canal de las Gracias”! Y las palabras de Cristo no pasan. Has de ser muy feliz y bendito por Dios. Con tu padre, Rosée y Antonio, cené ayer en casa de Maria Alice.
Maria Alice es un encanto en su casa. Está coleccionando unas recetas para que yo te las prepare, hizo una crema deliciosa —de coco— para su abuelo, y mandó que trajeran una bonita película cinematográfica inglesa, en tamaño natural, para ponerla en la maquina de Eduardo. Maria Alice y Rosée acaban de salir y te envían muchos besos.
¿Has mandado ya decir la Misa que te pedí, en el altar de Nuestra Señora de Begoña? Insisto mucho en ese sentido. A ver si me haces esto, ¿sí?
Nuestra casa sigue siempre deliciosa, esperando a su querido dueño y señor. ¿Has visto ya a todos tus amigos españoles? ¿Cuándo, y adónde vas ahora?
¡Escríbeme enseguida! (Doña Lucilia subraya cuatro veces la palabra “enseguida”)
Con todo mi cariño te bendigo, te beso y te abrazo hasta el fondo del corazón.
De tu madre extremosa,
Lucilia
Recuerdos a tus cuatro buenos amigos.

En el mismo sobre iba otra carta de don João Paulo, informando al Dr. Plinio que doña Lucilia se encuentra con buena salud, satisfecha. Sólo una cosa le duele, la saudade del hijo ausente, que no le sale nunca de la memoria. Pocos días después, algunas novedades de Roma alegrarían el corazón de doña Lucilia.

Roma, 18-7-52
Luzinha, mi amor
Recibí su carta ayer, que me dejó indignado con el correo. He escrito varias veces, ¡y mi Lú me dice que sólo ha recibido una carta mía! Es un escándalo, pura y simplemente.
Pero espero que usted en este ínterin ya haya recibido por lo menos la última que le envié desde Roma. El viaje, como provecho, supera en mucho mi expectativa. Cuento salir de Roma para Barcelona el domingo temprano, lleno de alegría.
¿Rosée tampoco habrá recibido mis cartas? Escriban a Madrid contando noticias muy detalladas, principalmente de la Finca Sta. Alice que me preocupa por el frío. Mi amor querido, millones de besos para usted del hijo que la quiere inexpresablemente, y le pide la bendición.
Plinio
Querido Papá
Gracias por sus informaciones siempre exactas e interesantes. Mil abrazos. Pide sus oraciones.
Plinio

Estas serían las últimas líneas que doña Lucilia recibiría venidas de la bella Italia, pues a esta altura su hijo ya se había dirigido a la gallarda España, tierra que le recordaba algunos remotos antepasados.

La sangre de los Rodríguez Camargo y de los Ortiz

“De tanto pensar en Itaicí, tengo la impresión de ya conocerla”, escribió doña Lucilia cierta vez a su hijo, cuando este pasaba unos días en aquella localidad del interior paulista. Lo mismo se podría decir a propósito de cada lugar recorrido por él en sus viajes. De este modo, tanto durante sus fervorosas y tranquilas oraciones de la mañana como durante las comidas, en las horas de contemplación, al recibir visitas, en los quehaceres domésticos o en la hora de la conversación nocturna, por así decir, ella “volaba” con su hijo de Italia a España, “paseaba” por las calles de Barcelona y, quizás, haya “asistido” a una corrida de toros en Madrid…
El día 30 de julio, doña Lucilia recibió la siguiente misiva del Dr. Plinio:

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“Los Caracoles” uno de los mejores restaurantes del mundo.

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Parque del Retiro, Madrid

Luzinha, mi amor querido.
Poco antes de dejar —muy satisfecho— Italia, recibí una carta suya, quejándose de que yo sólo le había enviado una carta. Respondí en seguida con otra carta, y también en el telegrama a Adolphinho, diciéndole que he escrito varias veces.
Hoy, día de mi llegada a Madrid, es la fiesta de Santiago, patrono de España, día de precepto nacional. Nuestra embajada y nuestro consulado están cerrados. Mañana, cuento con ir a recoger cartas allí, pues, no sin sorpresa, este hotel no tenía correspondencia para mí. En Barcelona pasé días agradabilísimos. La comida regional catalana es un sueño y “Los Caracoles” uno de los mejores restaurantes del mundo. Papá, allá, estaría en su elemento: langostas, langostinos, camarones, mariscos, ostras, calamares, frutos del mar en cantidad, de una variedad y sabor increíbles.
Aquí, llegué temprano, dormí antes del almuerzo, dormí después del almuerzo, fui a una corrida de toros, y paseé por un parque bonito, el Retiro.
Me gustó la corrida, y mucho. Me recordó analógicamente mucha estrategia que he usado en mi vida, haciendo a veces el papel de toro, otras de torero. Durante la corrida hasta tuve una sorpresa: cuando caí en mí, estaba aplaudiendo sinceramente a un torero que realmente había engañado al toro de modo eximio. Pocas veces en mi vida me ha ocurrido aplaudir espontáneamente y con calor. Una de las cosas que me gustó fue el estilo de los toreros: ropas bonitas, valentía hecha de fuerza y de salud sin duda, pero sobre todo de vida, agilidad, inteligencia.
Debo pasar unos días aquí, yendo después a Sevilla. De esta ciudad me vuelvo a Madrid, rumbo a San Sebastián y Lourdes. Después, París. Y, en París, comenzará a ponerse la perspectiva de la vuelta como muy próxima.
Mañana espero tener noticias suyas. Siga mandándolas al Ritz, hasta que yo le dé otra dirección, y comunique esto a todos.
Bien, mi flor, mi corazón, mi bien: con millones y millones de saudades de usted, pide su bendición, y le envía los besos más afectuosos del mundo, su filhão,
Plinio

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Siga mandándolas al Ritz…

Al apreciar la corrida de toros a través de las narraciones de su hijo, doña Lucilia una vez más tuvo ocasión de admirar algunos predicados del alma española, en especial la fuerza graciosamente amenizada por lo que ellos llaman “salero” y ennoblecida por el garbo.
Doña Lucilia decidió responder aquel mismo día. En la carta, cada noticia o comentario —sea una palabra de cariño o una pequeña ironía, una expresión de preocupación o incluso de temor— traía la inequívoca nota de serenidad y de elevación de su modo de ser.

São Paulo, 30-VII-1952.
¡Hijo querido de mi corazón!
Con inmenso placer he recibido hoy tu carta de Madrid, fechada el …?, y me entristeció tu decepción, al no encontrar cartas mías ni de Rosée ya enviadas para ahí. No imaginaba que, en el fondo, tuvieses ese “penchant” (Gusto, inclinación) por las corridas de toros; ¡es la sangre de los Rodríguez Camargo, y de los Ortiz, que aún habla!
Te pido una vez más, como lo he hecho en todas las cartas, que mandes decir una Misa en el altar de Nuestra Señora de Begoña, y enciendas una vela por la intención de tu hermana que ha sido buenísima conmigo. Ciertamente, me causa gran placer la anticipación de tu vuelta para acá, pero, al mismo tiempo, evaluando el pesar muy natural, por cierto, con que lo haces, parece increíble, pero insensiblemente me entristezco de que no puedas quedarte… “un poquito más”.
En cuanto al frío en Paraná, por el momento no ha traído helada, y yo más que nunca he atormentado al buen San Judas Tadeo.
Nuestra casa tan bonita y “cosy”  (Acogedora), está suspirando por ti.
Presta atención (Doña Lucilia subraya tres veces las palabras “presta atención”): Cuando busquéis pasajes de avión, los de ahí, y los de regreso, que no sean junto a la puerta de entrada. En vista del terrible desastre del President —Estados Unidos vía Italia, en que se abrió la puerta y por ella se cayó una señora— me quedé más nerviosa. ¡Cuidado!
Es una pena que Dora y Telémaco ya no te encuentren ahí. Maria Alice y Eduardo pretenden pasar unos días en Guarujá, y Rosée en la finca, en Paraná, donde ya la espera su marido.
Fui dos veces a visitar a las “Paula Leite”. No las encontré cuando fui la primera vez, estaban en la finca y ahora en Santos. Dejé convites hechos a Antoni, que no ha aparecido ni poco ni mucho, ni si quiera por el escritorio. ¡Mi “torero” me está haciendo falta! Los platillos voladores al final ya están alarmando en los E.U., y ahí,… nada, ¿no? Ellos me aterran.
Debes estar cansado de leer tantas… niaiseries (Tonterías), pero es un medio de engañar a las saudades, escribiendo. Reza en Lourdes por mí, que rezo, comulgo, y hago promesas por ti, ¡hijo mío querido! Con muchas bendiciones, te envío los más afectuosos
besos y abrazos. De tu madre extremosa,
Lucilia
Saluda a tus amigos de mi parte.

Noticias desde España

El Escorial

                                                                    El Escorial

Finalmente, hacia el 25 de abril, doña Lucilia recibió la primera carta de su hijo con las tan ansiadas noticias e impresiones de viaje.
Estaba seguramente deseosa de saber cuál era la reacción del Dr. Plinio en las tierras del Cid Campeador. No obstante, siendo el pueblo español de psicología tan diferente de la del brasileño, preveía que su hijo podía sentir no pequeña extrañeza. Por eso le previene, en la carta anterior, para que no se dejase llevar por las primeras impresiones, las cuales “generalmente no son favorables” y que procurase ambientarse en seguida y, de ese modo, sacar todo el provecho del viaje.
Debido a la formación recibida de doña Lucilia, desde el principio el Dr. Plinio apreció, sobre todo, la catolicidad militante de ese heroico pueblo, que había emprendido, hacía poco tiempo, victoriosa lucha contra el comunismo. Era esa virtuosa combatividad la nota más sobresaliente en los hermosos monumentos que visitó en compañía de sus cultos y vivaces amigos españoles, empeñados en el simpático afán de hacerle conocer las principales maravillas del país.

Madrid, 18-IV-50
Mãezinha querida de mi corazón y querido Papá
Les escribo después de tres días de intensos viajes, o sea, 24 horas de avión, un día de visitas en Madrid y un día en El Escorial. Lo hago con enormes saudades. Es media noche, hora de una última conversación en el Fasano con mi gente del 6º piso y pocos minutos antes de mi conversación tête-à-tête (En francés, “cara a cara”) con Lú…. ¡Cómo me gustaría tenerlos a todos aquí junto a mí!
El viaje aéreo fue bueno. Espero que hayan recibido el telegrama que le mandé a Tía Zilí desde el propio aeropuerto, el día de mi llegada. Hacia las 24 hs. hicimos escala en Recife, aeropuerto bien arreglado pero con un calor tremendo. Se veía bien la ciudad con todos sus contornos, gracias a la iluminación. Es bastante grande. Dormimos pasablemente y, al día siguiente, volamos sobre el Sahara, que pudimos ver muy bien y por mucho tiempo. El día aún estaba claro cuando sobrevolamos Gibraltar, viendo bien el fuerte. Llegamos a Madrid entre las 21 y 22 horas. (…)
Nuestro hotel es razonable. Me encontré a la llegada al Cel. Barrera (hijo del Marqués de Valdegamas y Conde de Miraflores) (…) que llevaba dos días esperándome.
[Estaba] con su cuñado Olagüe (historiador prodigiosamente culto e inteligente y que parece muy influyente aquí) (…)
Visité el Prado con ellos (Olagüe es un perfecto conocedor del mismo). Los Murillos, Velázquez, Ticianos, Flamencos, Goyas, pululan por allí. La riqueza del Museo es indescriptible. Sobre la belleza de los cuadros es superfluo decir cualquier cosa. Después fuimos a la casa de Lope de Vega donde Olagüe nos presentó a la Embajadora (notable) de Francia, en cuya compañía la visitamos. Todos los intervalos fueron llenados por los dos Barrera.
Me acosté así más muerto que vivo.

Cama donde murió Felipe II

                   Cama donde murió Felipe II

Hoy por la mañana, ¡Barrera! Después, Olagüe para un paseo al Escorial. Éste, como las otras cosas que he visto aquí, no es descriptible con palabras. Recé ante el sepulcro de Felipe II y la cama en que expiró y la sepultura de Don Juan de Austria. Hay un enorme autógrafo de Santa Teresa y el tintero con que ella escribió. Fue un día entero, horriblemente cansador. Mañana, Toledo. ¡Otro gran, pero compensatorio cansancio, con los Barreras!
Hice ayer una visita al P. Llundain. (…) Mañana, si Dios quiere, continuarán las visitas.
¿Y Lú? ¿Ha dormido bien? ¿Se ha ido a dormir temprano? ¿Ha tenido energía en materia de saudades? (…) ¿Ha bebido mucha agua Prata? ¿Ha tomado muchos taxis? ¿Y Papá? ¿ha tenido mucho trabajo con el despacho? ¿Ha comido mucho coco? (…)
Espero que Tía Yayá esté mejor. Muchos abrazos para ella, Dora y Telémaco.
Muchos besos para Tía Zilí. Ya he probado su excelente estuche. (…) Para los del 6º piso, todos los abrazos posibles.

Sepultura de Don Juan de Austria

                                         Sepultura de Don Juan de Austria

Para Papá, con abrazos muy afectuosos, innumerables saudades.
Y para usted, mi Mãezinha, ¿qué? Todo cuanto puede haber en este
mundo en materia de abrazos, besos, cariños, respeto, saudades, afecto;
y que bendiga a su filhão.
Plinio

En una carta escrita por el Dr. Plinio el día 21, desde Barcelona (Continuación de una de las cartas anteriores), daba noticias del itinerario que seguiría hasta París:

He llegado hoy temprano a Barcelona, donde espero quedarme hasta el lunes. En seguida iré a pasar dos días en Sevilla. Si puedo, iré a Granada, de allí a Lisboa y a Fátima. (…)
Aquí es imposible saber con antelación a qué hoteles uno va a ir en cada ciudad. Así, le pido que me mande noticias a Madrid, a casa de un señor cuya dirección va abajo. Ponga la carta que usted escriba dentro de un sobre dirigido a mí. Ponga este sobre, con una tarjeta suya de saludo, en otro sobre más grande con la dirección que le indico y las cartas me llegarán. Lo mismo puede hacer Tía Yayá. (…) Estoy muy deseoso de noticias suyas y de Papá. Quería tener también noticias sobre Rosée y sus asuntos. (…) Bien, mi amor, mil abrazos, mil besos, mil saudades, todo en fin. Pide su bendición el hijo que la respeta y quiere hasta el máximo.
Plinio

 

Un cumpleaños marcado por una gran ausencia

cap12_069Se aproximaba una gran fecha, muy querida por el Dr. Plinio: el 22 de abril.
Un año más de su querida madre quedaría hacia atrás. En la estabilidad de las buenas disposiciones y equilibrio de doña Lucilia, el Dr. Plinio sentía un apoyo para aquella determinación de ser fiel al bien que había tomado desde su adolescencia, cuando estudiaba en el Colegio San Luis.
A lo largo de los años, doña Lucilia iba adquiriendo cada vez más la fisonomía bondadosa, dulce, afable y sufridora, pero firme, definida y categórica, que claramente se nota en sus últimas fotografías.
En la mañana de aquél 22 de abril llega un telegrama al apartamento:

BARCELONA – 22.04.50
MILLONES BESOS AFECTUOSÍSIMOS
PLINIO

Don João Paulo le entregó en el mismo instante la segunda carta dejada por el Dr. Plinio, junto con un bellísimo ramo de flores. De esta forma, ya desde la primera hora de la mañana recibía manifestaciones de amor y veneración de su hijo, como si él no estuviera ausente. Ante el cariñoso gesto, su corazón se conmovió. Y de pura alegría no consiguió contener las lágrimas mientras leía estas expresivas líneas:

cap14_02813 de Abril 22-IV ( El Dr. Plinio puso las dos fechas en la carta. La primera era del día en que la escribió)
Mi querido amorcito.
Quise que, nada más despertarse, mis felicitaciones fuesen las primeras, junto con las de Papá. Mil besos, mil abrazos, cariño sin fin, un océano de saudades.
Pocas veces he hecho un sacrificio tan grande como el de marcar un viaje las vísperas de su cumpleaños, que me gustaría inmensamente pasar con usted. Pero, mi bien, fue indispensable organizar las cosas así.
La ida fue anticipada: lo será implícitamente la vuelta.
Hoy comulgaré en su intención y pensaré en usted todo el día… ¡lo que por supuesto haré también los demás días!
Las flores de casa son todas compradas por mí.
Mil felicitaciones, querida. Que Nuestra señora le dé todo a usted.
Pide su bendición con un afecto y un respeto sin cuenta su corpulentísimo y vigorosísimo ex-Pimbinche.
Plinio

Algunos días después, doña Lucilia recibió otra carta del Dr. Plinio aún sobre su cumpleaños, escrita esta vez desde España y fechada el 21 de abril. En ella manifestaba cuánto le dolía no poder estar en São Paulo al día siguiente:

Mãezinha de mi corazón,
Dentro de algunas horas le mandaré un telegrama por el día 22.
Hace días vengo pensando en esta fecha. ¡Cuánto daría yo para que me fuese posible, como por arte de magia, estar ahí en esa fecha, para besarla y abrazarla de corazón (…) y charlar un ratito! Yo le contaría entonces las maravillas que he visto aquí y ¡conversaríamos hasta el amanecer! Pero eso queda para la vuelta, cuando espero contarle cosas y más cosas sobre esta maravillosa Europa (En la parte final de la carta, el Dr. Plinio da noticias de su llegada a España, razón por la cual transcribimos el resto más adelante).

Recurramos una vez más a las cartas enviadas por don João Paulo a su hijo para saber cómo transcurrió ese día para doña Lucilia.

Aquí llegó el día 22 temprano tu telegrama desde Barcelona.
Y, en seguida, el de Adolpho.
Lucilia se conmovió mucho, no solamente con el telegrama, sino con la carta que aquí se quedó para serle entregada en aquel día: derramó el frasco ( Don João Paulo quiere decir de esta manera que lloró mucho) tras exclamaciones de ternura y saudades y después se sumergió profundamente en oraciones.
Todo corrió bien en su cumpleaños: tuvimos una buena cena, con la mesa adornada con unos magníficos claveles rojos; la sala de visitas tuvo unas lindas flores compradas con los cien [reis] que para eso dejaste…

Aquel día estuvo lleno de visitas —que doña Lucilia recibió con los ya conocidos requintes de benevolencia— por lo cual sólo pudo responder a su hijo a lamañana siguiente. Lo hizo con palabras repletas de ardiente amor a Dios:

São Paulo, 23-04-50

Imagen del Sagrado Corazón perteneciente a Doña Lucilia

Imagen del Sagrado Corazón perteneciente a Doña Lucilia

¡Hijo querido de mi corazón!
De todo corazón, con toda mi alma, te agradezco la carta tan afectuosa que me dejaste y que tanto me reconfortó. Y además, los bonitos, “bellísimos de verdad”, gladiolos blancos, rojos, amarillos y lilas que Zilí me envió por la mañana. Lloré, es verdad, pero “gracias a
Dios” fue de felicidad por haber recibido yo, tan indigna, “liberal”, la inmensa dádiva de los Sagrados Corazones de Jesús y de María Santísima de tener un hijo tan santo, tan bueno y cariñoso, que bendigo con todas las fuerzas de mi alma, por quien pido toda la protección Divina y la luz del Divino Espíritu Santo. De estos gladiolos, he llevado dos para la capilla del “sexto piso”, uno para la imagen del Inmaculado Corazón de María que está en tu cuarto, donde, como de costumbre, recé por ti; y otros dos para la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en el salón (y el resto —muchos— en el jarrón del emperador).
Estuvieron aquí durante el día, Dadole, Yelita, Yelmo y Marcos, y cenaron: Antonio, Zilí, Cecilia Carmen, María Estela, Dora y Telémaco. — ¿Es necesario decirte las saudades que he tenido y la falta que me hiciste? Pues bien, con menos intensidad, era lo que todos sentían. También me han hecho inmensa falta Rosée y Maria Alice, que me han llamado por teléfono, y Yayá, pobrecita, que está mejor, pero aún con la presión alta. (…)
He ido hoy a oír Misa y comulgar por ti en “mi” iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, donde he encargado una Misa en tu intención y por el buen éxito en tus empresas. Es el sacerdote polaco quien va a celebrarla. Me ha dicho que te estima mucho. Está cap12_035horrorizado con el progreso del comunismo; tiene setenta y nueve años, pero no quiere morir sin ver el comunismo deshecho y exterminado por lo que le hizo a Polonia.
Esperaba que ya estuvieses en Portugal y me quedé admirada de ver que me mandabas un telegrama desde Barcelona. Estoy ansiosa por recibir una carta tuya, trayéndome tus impresiones del lugar. Las primeras, generalmente no son favorables; pero después poco a poco, ya ambientado, se aprecia mucho más. Escríbeme siempre, ¿sí? Mira a ver si encomiendas la Misa en Ntra. Sra. de Begoña por las intenciones de Rosée, ¿está bien?
Con muchas saudades, “espiritualmente” (…) rezamos el rosario juntos, te hago una crucecita en la frente y… la cubro de besos y bendiciones. Un largo y saudoso abrazo, Pimbinchen querido, de tu “manguinha” afectuosa,
Lucilia