Un cumpleaños marcado por una gran ausencia

cap12_069Se aproximaba una gran fecha, muy querida por el Dr. Plinio: el 22 de abril.
Un año más de su querida madre quedaría hacia atrás. En la estabilidad de las buenas disposiciones y equilibrio de doña Lucilia, el Dr. Plinio sentía un apoyo para aquella determinación de ser fiel al bien que había tomado desde su adolescencia, cuando estudiaba en el Colegio San Luis.
A lo largo de los años, doña Lucilia iba adquiriendo cada vez más la fisonomía bondadosa, dulce, afable y sufridora, pero firme, definida y categórica, que claramente se nota en sus últimas fotografías.
En la mañana de aquél 22 de abril llega un telegrama al apartamento:

BARCELONA – 22.04.50
MILLONES BESOS AFECTUOSÍSIMOS
PLINIO

Don João Paulo le entregó en el mismo instante la segunda carta dejada por el Dr. Plinio, junto con un bellísimo ramo de flores. De esta forma, ya desde la primera hora de la mañana recibía manifestaciones de amor y veneración de su hijo, como si él no estuviera ausente. Ante el cariñoso gesto, su corazón se conmovió. Y de pura alegría no consiguió contener las lágrimas mientras leía estas expresivas líneas:

cap14_02813 de Abril 22-IV ( El Dr. Plinio puso las dos fechas en la carta. La primera era del día en que la escribió)
Mi querido amorcito.
Quise que, nada más despertarse, mis felicitaciones fuesen las primeras, junto con las de Papá. Mil besos, mil abrazos, cariño sin fin, un océano de saudades.
Pocas veces he hecho un sacrificio tan grande como el de marcar un viaje las vísperas de su cumpleaños, que me gustaría inmensamente pasar con usted. Pero, mi bien, fue indispensable organizar las cosas así.
La ida fue anticipada: lo será implícitamente la vuelta.
Hoy comulgaré en su intención y pensaré en usted todo el día… ¡lo que por supuesto haré también los demás días!
Las flores de casa son todas compradas por mí.
Mil felicitaciones, querida. Que Nuestra señora le dé todo a usted.
Pide su bendición con un afecto y un respeto sin cuenta su corpulentísimo y vigorosísimo ex-Pimbinche.
Plinio

Algunos días después, doña Lucilia recibió otra carta del Dr. Plinio aún sobre su cumpleaños, escrita esta vez desde España y fechada el 21 de abril. En ella manifestaba cuánto le dolía no poder estar en São Paulo al día siguiente:

Mãezinha de mi corazón,
Dentro de algunas horas le mandaré un telegrama por el día 22.
Hace días vengo pensando en esta fecha. ¡Cuánto daría yo para que me fuese posible, como por arte de magia, estar ahí en esa fecha, para besarla y abrazarla de corazón (…) y charlar un ratito! Yo le contaría entonces las maravillas que he visto aquí y ¡conversaríamos hasta el amanecer! Pero eso queda para la vuelta, cuando espero contarle cosas y más cosas sobre esta maravillosa Europa (En la parte final de la carta, el Dr. Plinio da noticias de su llegada a España, razón por la cual transcribimos el resto más adelante).

Recurramos una vez más a las cartas enviadas por don João Paulo a su hijo para saber cómo transcurrió ese día para doña Lucilia.

Aquí llegó el día 22 temprano tu telegrama desde Barcelona.
Y, en seguida, el de Adolpho.
Lucilia se conmovió mucho, no solamente con el telegrama, sino con la carta que aquí se quedó para serle entregada en aquel día: derramó el frasco ( Don João Paulo quiere decir de esta manera que lloró mucho) tras exclamaciones de ternura y saudades y después se sumergió profundamente en oraciones.
Todo corrió bien en su cumpleaños: tuvimos una buena cena, con la mesa adornada con unos magníficos claveles rojos; la sala de visitas tuvo unas lindas flores compradas con los cien [reis] que para eso dejaste…

Aquel día estuvo lleno de visitas —que doña Lucilia recibió con los ya conocidos requintes de benevolencia— por lo cual sólo pudo responder a su hijo a lamañana siguiente. Lo hizo con palabras repletas de ardiente amor a Dios:

São Paulo, 23-04-50

Imagen del Sagrado Corazón perteneciente a Doña Lucilia

Imagen del Sagrado Corazón perteneciente a Doña Lucilia

¡Hijo querido de mi corazón!
De todo corazón, con toda mi alma, te agradezco la carta tan afectuosa que me dejaste y que tanto me reconfortó. Y además, los bonitos, “bellísimos de verdad”, gladiolos blancos, rojos, amarillos y lilas que Zilí me envió por la mañana. Lloré, es verdad, pero “gracias a
Dios” fue de felicidad por haber recibido yo, tan indigna, “liberal”, la inmensa dádiva de los Sagrados Corazones de Jesús y de María Santísima de tener un hijo tan santo, tan bueno y cariñoso, que bendigo con todas las fuerzas de mi alma, por quien pido toda la protección Divina y la luz del Divino Espíritu Santo. De estos gladiolos, he llevado dos para la capilla del “sexto piso”, uno para la imagen del Inmaculado Corazón de María que está en tu cuarto, donde, como de costumbre, recé por ti; y otros dos para la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en el salón (y el resto —muchos— en el jarrón del emperador).
Estuvieron aquí durante el día, Dadole, Yelita, Yelmo y Marcos, y cenaron: Antonio, Zilí, Cecilia Carmen, María Estela, Dora y Telémaco. — ¿Es necesario decirte las saudades que he tenido y la falta que me hiciste? Pues bien, con menos intensidad, era lo que todos sentían. También me han hecho inmensa falta Rosée y Maria Alice, que me han llamado por teléfono, y Yayá, pobrecita, que está mejor, pero aún con la presión alta. (…)
He ido hoy a oír Misa y comulgar por ti en “mi” iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, donde he encargado una Misa en tu intención y por el buen éxito en tus empresas. Es el sacerdote polaco quien va a celebrarla. Me ha dicho que te estima mucho. Está cap12_035horrorizado con el progreso del comunismo; tiene setenta y nueve años, pero no quiere morir sin ver el comunismo deshecho y exterminado por lo que le hizo a Polonia.
Esperaba que ya estuvieses en Portugal y me quedé admirada de ver que me mandabas un telegrama desde Barcelona. Estoy ansiosa por recibir una carta tuya, trayéndome tus impresiones del lugar. Las primeras, generalmente no son favorables; pero después poco a poco, ya ambientado, se aprecia mucho más. Escríbeme siempre, ¿sí? Mira a ver si encomiendas la Misa en Ntra. Sra. de Begoña por las intenciones de Rosée, ¿está bien?
Con muchas saudades, “espiritualmente” (…) rezamos el rosario juntos, te hago una crucecita en la frente y… la cubro de besos y bendiciones. Un largo y saudoso abrazo, Pimbinchen querido, de tu “manguinha” afectuosa,
Lucilia

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