Después del bien de la causa católica, su principal preocupación era el bien de su hijo

Es edificante lo poco que habla doña Lucilia en sus cartas sobre sus problemas personales. Cuando lo hace, es para satisfacer los insistentes pedidos de su hijo. Por otro lado, aunque privada de la compañía de su hijo, en ningún momento se queja de ello, pues sabe que el viaje del Dr. Plinio es para atender los intereses de la Iglesia. Razón enteramente suficiente para justificar un sacrificio que ella estaría dispuesta a repetir cuantas veces fuera necesario. Después del bien de la causa católica, su principal preocupación era el bien de su hijo, como se puede ver una vez más en la siguiente carta, en la que, dicho sea de paso, cap14_014por distracción escribe “congreso” en lugar de “concilio”.

São Paulo, 26-10-1962
¡Hijo querido de mi corazón!
Espero que hayas recibido mis dos cartas; hoy te mando esta otra. He recibido también una tuya, desde Roma. Me imagino cuánto debes estar apreciando la bella morada de los Papas y, todavía más, todo eso en compañía de tus buenos y queridos amigos; ¡solamente me da pena ver a los que no pudieron ir! Siempre que puedas, mándame noticias tuyas… — ¡los periódicos no dan noticias que satisfagan! (…)¡¿Buena parte de los rusos es recibida también en el Congreso?!… ¡Esperemos el final de todo esto! ¿Y del caso Kennedy-Kruchev? (Doña Lucilia se refiere a la famosa crisis política internacional provocada por la instalación de misiles rusos en Cuba, lo que casi provocó la III Guerra Mundial, a raíz de un ultimátum de Kennedy al Gobierno del Kremlin) ¿qué me dices?… ¿Qué nos traerá este nuevo sistema?… ¡¡¡Todo se puede esperar!!! Ha estado aquí Castilho para hacerme una visita. Francisco Eduardo me ha pedido un rosario para rezar con él todos los días. Castilho dice que es muy fácil encontrar allí rosarios muy buenos y resistentes.
No me habitúo a escribir con los bolígrafos que tenemos aquí.
¿Cuándo acabará el Congreso? ¿Cuándo piensas volver? Soy yo quien te dice… deja tanto trabajo, pasea bastante, come bastante, pero sin exagerar, visitad la catedral de Milán que es una belleza y los innumerables cuadros de Florencia, reved París y volved cuánto antes, ¡pues estoy con unas saudades locas de mi “querido”, queridísimo filhão de todo mi corazón! Con muchos besos, abrazos y toda la bendición de tu… manguinha…
Lucilia

De tal manera doña Lucilia se olvidaba de sí misma que solamente se acuerda de pedir un rosario para su bisnieto, Francisco Eduardo. Aunque no lo diga, tal vez haya sido ella quien enseñó al niño a rezar el rosario, explicándole con su modo tan atrayente los diversos misterios de la vida de Nuestro Señor y de su Madre Virginal. Segura de que un objeto de piedad traído de la Ciudad Eterna lo incitaría más a la devoción, se lo pide al Dr. Plinio.

Escasa correspondencia

Naturalmente, al contemplar el magnífico escenario de la Roma de los Papas, el Dr. Plinio no podía dejar de pensar en doña Lucilia, cuya alma admirativa se encantaría con todo aquello. Si estuviese allí, recorrería lentamente aquellos lugares, apoyada del brazo de su filhão, comentando extasiada ora esto, ora aquello —el azul tan bonito del cielo romano; los castillos de nubes en el horizonte, realzando la grandeza de los milenarios monumentos; el Tíber, que serpentea mansamente entre históricos edificios y gloriosas ruinas—, hasta que la puesta del sol le anunciase el final de tan agradable conversación…

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Capitolio romano

Roma, 22-10-1962
Luzinha querida de mi corazón
Estoy esperando ansiosamente una carta suya. En todo caso, ya he sabido por un joven del grupo que usted recibió bien la noticia de mi viaje, ¡gracias a Dios! Me acuerdo mucho de mi Lú y de su conversación que tantas saudades me da, así como de sus cariños y todo lo demás, ¡de lo que siento tantas saudades! Especialmente me acuerdo de usted cuando veo algunas cosas bonitas que tanto le gustarían a usted. Ayer, por ejemplo, vi el Capitolio romano, que por cierto ya había visitado en 1959. Es estupendo. Pensé en seguida: ¡que bueno sería si Lú de mi corazón pudiese ver esto! Escríbame cuanto antes, querida, hablándome de todo a su respecto y, especialmente, de su salud. He trabajado mucho, comido mucho, paseado un poco por lugares bonitos. Le adjunto las cartas para Rosée y Maria Alice. Así usted tendrá el noticiero completo.
Me veo obligado a parar, pues son las 16 Hrs. y a las 17 Hrs. tendré una reunión muy importante.
Querida mía, mi muñeca, mi marquesita: cuidado con su salud y rece por el filhão que la quiere muchísimo y le envía millones de besos y le pide respetuosamente la bendición.
Plinio

En la carta siguiente, el Dr. Plinio manifiesta como siempre una cualidad sin la cual una auténtica convivencia no se establece: la abnegación. Se diría que, en esa inefable relación con doña Lucilia, la renuncia de cada uno a sí mismo revierte generosamente en beneficio del otro; así como los arbotantes de una catedral, que por sí solos no se sostendrían pero apoyando las colosales paredes forman con ellas un conjunto esplendoroso.

Manguinha de mi corazón,
Mi pluma azul está rota. Por eso, le escribo en rojo.
Sus dos cartas me gustaron inmensamente. Las tengo sobre mi mesa de noche para tenerlas siempre delante de los ojos. Estoy con unas saudades locas de mi mãezinha querida, de sus cariños, de su presencia, de su conversación, en fin, de ella, de todo lo que es de ella y de todo lo que la rodea.
Pocas cosas podrían alegrarme tanto como saber que usted está bien. Cuídese; usted no podría hacer nada mejor por mí. Mejor que eso, solamente una cosa: rezar por mí…
Todavía no sé bien la fecha de mi regreso, pero espero que no tarde. Escríbame cuánto antes, amor de mi corazón.
Perdóneme esta carta-relámpago; estoy ocupadísimo.
Con mil y mil besos, todo el cariño del hijo que la quiere inmensísimamente y le pide con respeto bendiciones y oraciones.
P.

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“¡Si supieses cómo se hace triste la vida cuando viajas tan lejos!”

El día 20 de octubre llegan a las manos de doña Lucilia, provenientes de Roma, las primeras noticias de su hijo.

cap14_016Roma, 13-X-1962
Mãezinha, ¡amor querido de mi corazón! Le escribo con tinta roja pues mi pluma de tinta azul se ha roto y, por el momento, no dispongo más que de ésta. Es la una y media de la noche. Este es el primer momento que encuentro disponible para escribirle. Empiezo por mis noticias. El viaje fue excelente. Avión cómodo, buena comida, puntualidad satisfactoria, buena compañía, no faltó nada. O, mejor dicho, faltó todo, pues no estaba a mi lado mi Manguinha querida…
[El mismo día que llegamos fuimos] a ver los “Invalides”, los dos edificios de la “Place de la Concorde” y la “Madeleine”, que fueron limpiados de la pátina que tenían. Han mejorado enormemente. Naturalmente, fuimos también a Notre Dame, maravillosísima como siempre.
Después de una abundante merienda en el “Café de la Paix (Place de l’Opéra)”, volvimos a Orly y de allí, para Roma.
Orly es horroroso. Evidentemente, Fiumicino, el Orly italiano, es todavía más feo.
Roma, por el contrario, está muy bonita. La ciudad desborda de riqueza, la población esta fuerte, alegre, nutrida y bien vestida. El número de automóviles ha crecido prodigiosamente. Las vitrinas están lindas, incluso las que exponen comestibles. (…)
Los del grupo ya están en actividad y yo también. Por ahora, no es posible decir todavía en qué terminará todo esto. ¡Que Nuestra Señora ayude a la Santa Iglesia! En cuanto a mí, me siento bien y con un apetito muy vivo.

La parte final de esta carta tan interesante está dedicada a la expansión de su
filial afecto:

Ahora, hablemos de usted. ¿Cómo está, mi bien? ¿Y su preciosísima salud? ¿Qué ha dicho Brickman? ¿Sus medicinas han surtido efecto? ¿Y el hígado? Dígamelo todo, porque usted sabe cuánto me interesa todo lo que se refiere a usted. Mándeme, pues, todos los pormenores. Les escribo hoy a Rosée y al grupo. ¿Cómo están los tíos? ¿Y tío Néstor? ¿Dora, Telémaco, sus hijos, están todos bien? De Adolphinho y los suyos sabré por el grupo.
Mi amor, usted no se imagina cuántas veces al día me acuerdo de usted y cómo cuento los días para verla de nuevo. Cuide con el mayor esmero de su salud.
Reciba millones de besos, cada cual más cariñoso que el otro, del hijo que tanto y tanto la quiere y la respeta y que le pide oraciones y la bendición,
Plinio

El 21 de octubre, doña Rosée le enviaba al Dr. Plinio una nueva carta con algunos detalles más sobre la vida cotidiana de doña Lucilia:

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Doña Rosée

Ayer fue día de fiesta porque Mamá y yo recibimos tus cartas. No puedo decirte la alegría que sentimos. (…) Mamá está excelente. Olga y Carlota hacen “puzzle” con ella por la noche y ha tenido muchas visitas. Ya hice venir dos veces a la preciosa Sinhá.
Brickman la encontró muy bien. En casa están solamente Olga y Carlota. Como esta última tiene manía de limpieza y es muy activa, todo va bien.

La “preciosa Sinhá”  era prima de doña Lucilia. Ambas mantuvieron estrechas relaciones toda la vida, interrumpidas solamente por la muerte de la última. Era una de las pocas personas que quedaban de los antiguos tiempos, por lo que reinaba entre ambas una gran afinidad.

“¡Si supieses cómo se hace triste la vida cuando viajas tan lejos!”

cropped-sdl-7.jpgDoña Lucilia, que mantenía su mirada puesta en Roma, el 23 de octubre escribía otra vez a su hijo:
São Paulo, 23-10-1962
¡Hijo tan querido de mi corazón! (…) ¿Ya has recibido la [carta] de Rosée? Ella y Maria Alice han venido todos los días. Rosée vino ayer, y hoy el tiempo está pésimo… ¡tan frío, tan lluvioso, que congela las muñecas, principalmente a los viejos reumáticos como yo!
¡¡¡Si supieses cómo se hace triste la vida cuando viajas tan lejos!!! Es verdad que han venido mis parientes a visitarme, menos Yayá, Dora y Gizela (hija de doña Dora)  que están en Río. Piensa bien en lo que te digo… cuidado, mucho cuidado con tu apetito… si te pones enfermo, ¿qué vas a hacer? ¡Pierdes el final del “célebre Concilio”, los bonitos paseos, etc.!
Saudosísima, le pido a Dios y a Nuestra Señora que te protejan y te bendigan y te envío mil besos y abrazos de tu… manguinha…
Lucilia