Modo de ser de Doña Lucilia

Con base en fotografías, el Dr. Plinio comenta algunos aspectos de Doña Lucilia: el cariño y el afecto hacia su hijo, los cuales lo acompañaron hasta el fin de la vida de ella; la disposición a la piedad y al vuelo de espíritu; la dulzura, la alegría, la vigilancia, la compostura y la suavidad en medio de la lucha y del dolor.

 

Recibí de regalo un álbum de fotografías de mi madre, que abarca las etapas sucesivas de una vida presentada mucho antes de que yo hubiera nacido, y que después se va desarrollando hasta el momento en que soy mostrado en sus brazos, donde hay una sonrisa en la cual reconozco mil otras sonrisas. Existe un cariño y un afecto, en el cual constato el mismo cariño y el mismo afecto que me acompañaron hasta el fin de su vida.

Elevación de alma, piedad, sufrimiento y lucha

sec3b1ora_doc3b1a_lucilia_024.jpgLas fotos registran también la continuación de esa vida. En la que mi madre me sostiene en sus brazos, ella está risueña, alegre. Pero en la de París se encuentra muy preocupada. En todas las fotografías anteriores, desde la primera, está presente el pensamiento; hay elevación de alma, disposición a la piedad, vuelo de espíritu. Pero se salta de repente de la época en que estoy tan pequeño y mi madre aún joven a la edad en la cual ella ya pasó por una gran prueba: la cirugía hecha en Alemania, precedida por una larga fase de enfermedad dolorosísima. En aquel tiempo, no había anestésicos como en nuestros días, de manera que ella sintió dolores lancinantes. Ella me dijo una vez que tenía el deseo de, en la cabina del navío que la llevó a Europa, quedarse de pie en la cama y agarrarse a la pared, tal era el dolor. En determinado momento los padecimientos fueron tales que el capitán del navío llegó a mandar a preparar un ataúd para ella. De repente, todo eso pasa y ella se encuentra en una de esas fases decisivas de la vida espiritual en que la persona ya no es joven, pero tiene fuerza, énfasis. Nada en ella conoce aún las suavidades del crepúsculo. Está en la punta de la vida. En la fotografía siguiente se nota algo que, sin haberse quebrado, alcanzó una zona de tranquilidad indicativa de una vejez que comenzó. Ella está más sonriente, más complaciente, prestando mucha atención a lo que pasa. Me acuerdo perfectamente de lo que se trata: la inauguración de las máquinas del Legionario en el primer piso del predio de la Legión de San Pedro, de la Congregación Mariana de Santa Cecilia. Era un acontecimiento de mucha importancia, con la presencia del Arzobispo Don Duarte, del Obispo de Sorocaba, Don José Carlos Aguirre, y de señoras de la alta sociedad de São Paulo. Doña Lucilia estaba muy complacida con lo que ocurría. Al contrario de la fotografía anterior, en que ella aún se encontraba en la batalla.

El cuerpo cada vez más debilitado, pero el alma volando hacia arriba

cropped-sec3b1ora_doc3b1a_lucilia_034.jpgEn otras ocasiones, se nota que el anochecer comenzó a proyectar sus primeras suavidades. Pero, en el fondo, se percibe que la lucha y el dolor continúan. En la fotografía, por ejemplo, del cierre de una Semana de Estudios, en la Escola Caetano, en la Plaza de la República, la actitud de mi madre es de un cuerpo con menos fuerza, pero la mirada está atenta, y mucho. Y ella permanece vigilante en toda su posición, su compostura, incluso encontrándose entre sus íntimos, pues estaba entre su sobrino y su señora. Probablemente el conferencista era yo. Pero ella estaba atenta, procurando analizar todas las cosas. Inclusive, si fuese para darme un consejo, después ella me lo daría. En otra fotografía, el tiempo ya caminó más y alguna cosa del alma va como distinguiéndose del cuerpo y separándose. El cuerpo está cada vez más affaissé (1), pero el alma está volando hacia arriba. La extrema vejez comporta sonrisas. En esta ocasión, Doña Lucilia estaba jugando con el bisnieto, mostrándose muy interesada en el asunto. El Quadrinho (2) nos dio el último brillo, el último lance de aquel modo de ser, de aquella mirada, de aquella dulzura, de todo aquello que parece haber sido hecho para encantar a mi João (3) y, a través de él, maravillar a todos los que siguieron sus pasos, en el camino seguido por mí. Todo eso no puede dejar de complacerme enormemente. Yo le pido a mi madre, cuya alma no tengo duda de que está en el Cielo, que rece por todos nosotros, a fin de que nos mantenga siempre más unidos, más vueltos hacia Nuestra Señora y caminando hacia aquel punto terminal, que es la bienaventuranza eterna, hacia donde ella nos precedió.

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(Extraído de conferencia del 29/6/1987)

1) Del francés: declinado, debilitado.
2) Cuadro al óleo, que mucho le agradó al Dr. Plinio, pintado por uno de sus discípulos con base en las últimas fotografías de Doña Lucilia.
3) El Dr. Plinio se refiere a Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, su fiel discípulo y  secretario personal durante más de cuatro décadas.

 

La acción de Doña Lucilia desde el Cielo

Desde el Cielo, Doña Lucilia realiza la máxima: “vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien”, lanzando una mirada bondadosa sobre el necesitado que recurre a ella, estableciendo con él una relación personal, adoptándolo y resolviendo los impasses que no tendrían solución.

3p177Se acostumbra interpretar de modo equivocado la tendencia a sublimar a los muertos. A propósito, hoy en día lo más frecuente es olvidarlos.

Ciertas almas reciben permiso de la Providencia para revelar a los vivos algo que en vida no mostraron enteramente. Un ejemplo es Santa Teresita, que en el Carmelo era tenida como una persona común, pero después de su muerte se manifestó mucho.

Eso se da con Doña Lucilia también. Su luz primordial marcó de un modo sobrenatural el ambiente doméstico. La noto presente de un modo vivo en todos los ambientes de la casa, pero es en la sala de visitas donde más la siento, aunque no fuese su living. Tal vez por estar allí los muebles de la casa de mi abuela, ese era el ambiente específico de ella.

A pesar de tener una idea muy vaga de la existencia de la Revolución, y de no saber hasta qué punto ella veía el carácter uno del declive del mundo contemporáneo, mi madre era profundamente contrarrevolucionaria.

Ella no se entregaba a discusiones de Historia o de política. Ni se entendería que lo hiciese. No obstante –y aquí está lo que considero la luz primordial de mi madre–, tenía cierto núcleo de la Contra-Revolución, remontando ya hacia otro orden que consiste en estar continuamente con los ojos puestos en lo trascendental y vivir en la contingencia de él desinteresadamente. Todas sus fotos muestran eso.

Estableciendo una relación personal con quien es ayudado

R235-D-LDL-Dona-Lucilia-700x537Experimentar esa presencia es una gracia. Sin embargo, intentar comprender eso antes de recibir una gracia así, de comunicación con ella, es como querer ver un color siendo ciego.

Doña Lucilia establece una relación personal como si estuviese junto a quien ella ayuda. Es la gracia presente en ella que actúa sobre nosotros, manteniendo una proporción con nosotros, y no como quien nos concede algo desde lo alto del fastigio de su gloria. Ella adopta al necesitado, resuelve el impasse y el problema, lanzando una mirada bondadosa sobre aquello que no tendría solución. La persona comprende que algo actúa, y es la mentalidad de ella. De esa manera, en el Cielo ella realiza el “vivir es estar juntos, mirarse y quererse bien”.

En la auténtica devoción a María Santísima hay algo de eso, llevado casi hasta el infinito. Quien no recibió una gracia así, de modo a sentir a Nuestra Señora, no inició aún la verdadera devoción.

La gracia que recibí en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, junto a la imagen de María Auxiliadora, fue así. Desde entonces nunca más vi una imagen de Nuestra Señora sin sentir eso. Aunque fuese una puntita, ¡pero es una puntita que habla enormemente!NSra_Auxiliadora_IgrejaSCoracao_005-1-e1650497470325-700x568

La transmisión de esa gracia de Doña Lucilia es como algo que viene de afuera hacia el fondo del alma. En el discernimiento de su acción hay algo fundamentalmente semejante a discernir la acción de María Santísima. El alma de mi madre recibía esa comunicación viendo la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y de Nuestra Señora que quedaban en su cuarto. Especialmente la gracia de equilibrio temperamental, yo sentía que ella la recibía a través de las imágenes.

Lente de aumento para comprender al Sagrado Corazón de Jesús

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Imagen del Sagrado Corazón ofrecida a Doña Lucilia por su padre

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús que estaba en el oratorio del cuarto de mi madre tenía una mezcla de severidad, de dignidad, un fondo de tristeza, mucha dulzura y afabilidad.

Muchas veces, entrando en su cuarto, incluso sin estar ella rezando, inmediatamente sentía la afinidad de ella con el Sagrado Corazón de Jesús. Ella hacía para mí el papel de lente de aumento para que yo pudiese entender enteramente al Sagrado Corazón de Jesús. Y no sé si yo habría comprendido la imagen, si no hubiese sido por mi madre.

Por eso en el Quadrinho1 se nota, a pesar de la pobre vida física, la pujante vida espiritual. En ella de joven se nota pujanza y afirmación, ¡pero con una afirmación del alma tan por encima de las virtudes físicas! Es raro ver eso: una vitalidad física que no empaña la vitalidad del alma. Sin embargo, mirando después su Quadrinho –ella ya anciana–, se puede perfectamente decir: es una persona formada en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Más aún: ¡el Quadrinho muestra a la persona inmediatamente después de haber rezado delante de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús!

«El Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora y mi madre forman un todo par mí»

La imagen de Nuestra Señora, también perteneciente a mi madre, tiene una dulzura conexa con la del Sagrado Corazón de Jesús. De ella fluye un mundo de misericordia para el alma buena. Con la Santísima Virgen es así: el pecador descalificado no se siente desanimado. Su imagen da amparo al pecador descalificado. No sucede lo mismo con el Sagrado Corazón de Jesús. Pues Él es Padre, pero también es Juez. Tenía entonces que existir la Virgen, que solo perdonase y no juzgase. Hay un tenor enorme de santidad extraordinaria que se desprende de la mirada del Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo, no da coraje de rezarle el Memorare2. ¡El Memorare tiene que ser para su Madre! Ella es accesible, tiene contacto personal con el pecador… Ella establece una proporción entre Nuestro Señor Jesucristo y yo. Para mí, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora y mi madre forman un todo.

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(Extraído de conferencia del 7/5/1977)

1Cuadro al óleo que le agradó mucho al Dr. Plinio, pintado por uno de sus discípulos, con base en las últimas fotografías de Doña Lucilia.

2Del latín: Acordaos. El Dr. Plinio se refiere a la oración compuesta por San Bernardo.

 

Un curso de Contra-Revolución

A Doña Lucilia le gustaba contar a los niños la historia de los tres mosqueteros, con todos los pormenores históricos de las costumbres y los ambientes. Plinio quedaba extasiado y hacía el contraste entre aquello y el modo moderno de vivir. Esas narraciones fueron un verdadero curso de Contra-Revolución.

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Las reflexiones de Doña Lucilia eran estrictamente las de una señora ama de casa de su tiempo. A ella le gustaba leer cosas históricas, narraciones literarias en francés, un poquito también en inglés, y después nos contaba, adaptándolas al modo de ser de los niños. Por ejemplo, una obra interesantísima narrada por ella: “Los tres mosqueteros”, de Dumas (1). Este no es uno de los primeros literatos de Francia, pero podría ser considerado grande en cualquier país del mundo.

Un pretexto para describir ambientes y costumbres

Ella contaba la historia de los tres mosqueteros, y de esa forma me inició mucho en la delectación de la douceur de vivre del Ancien Régime (2). Dumas describía mucho los personajes, los trajes, las actitudes, los diálogos, de un modo bastante atrayente, fascinante. A decir verdad, él hacía del hecho novelesco únicamente un pretexto para describir ambientes, costumbres, etc.
Doña Lucilia contaba entonces todos los pormenores históricos, pues en las obras de Dumas la narración de las costumbres es muy fiel. Ella nos deslumbraba con las narraciones. Yo quedaba extasiado y hacía el contraste entre aquello y el modo de vivir moderno. En ese sentido, era un curso de Contra-Revolución.
Imaginen a un niño de once, doce o trece años, yendo a asistir a una película de cine de
cowboys. Tom Mix saltando encima del caballo, disparando, aquello que detesté toda la vida. Yo ni siquiera era capaz de acompañar aquel corre que corre y pensaba: “¡Ese imbécil no para, no se sienta, no piensa un poco! Eso no va conmigo.”

Entonces, comparaba eso con un episodio descrito por Dumas como, por ejemplo, el Rey Luis XIII de Francia viviendo en el esplendor de su corte en el Louvre y en las Tullerías, palacios magníficos de los cuales yo conocía pinturas y fotografías. El Palacio de las Tullerías fue destruido, ¡pero el Louvre es estupendo!

Richelieu era una serpiente humana

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Ana de Austria

Me ponía a imaginar a ese hombre viviendo en aquel palacio. Él era un rey casado con una de las princesas más bellas de Europa, Ana de Austria. Esa Reina tenía antipatía al Cardenal de Richelieu, del cual Philippe de Champaigne (3) dejó cuadros. Richelieu era un hombre de mucha finura, alto y delgado, maleable: una serpiente humana.
Hay serpientes hechas para arrastrarse por el suelo, pero existen otras que desafían al hombre, son ultra-prestigiosas. Él era una serpiente así, revestido de púrpura y solideo. En cierta ocasión, Ana de Austria recibió la visita de otro hombre fabuloso, legendario, el Duque
de Buckingham (
4), favorito del Rey de Inglaterra. Y él – ese episodio es censurable –, al ver a la Reina, se entusiasmó por su belleza.
Luis XIII le había dado a Ana de Austria una joya llamada
aiguillettes: una pequeña barra de oro de la cual pendían zarcillos de brillantes. Y el Duque de Buckingham se las arregló para llevarse una de esas aiguillettes como recuerdo.
Ahora bien, Richelieu, que tenía espías junto a todo el mundo, supo lo sucedido. Entonces buscó al rey y le dijo:

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Cardenal Richelieu


— Majestad, nadie sabe lo que hubo entre la Reina y el Duque de Buckingham. Ella le entregó a él una de las
aiguillettes que Vuestra Majestad le dio. Yo os cuento eso porque posiblemente ella le podrá haber revelado al Duque secretos de Estado. Es bueno que Vuestra Majestad lo sepa.
El Duque de Buckingham era lo contrario de Luis XIII. Este era un hombre apagado, tímido y no brillaba. El Duque era un hombre brillantísimo, extraordinario. El monarca, por todas esas razones, quedó indignadísimo. Richelieu le dijo además algunas palabras para provocar, instigar más al Rey, y resolvió desquitarse de la Reina, creando una ocasión para que él la humillase ante toda Europa.

Luis XIII ofreció un gran baile en la corte

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Luis Xlll

El monarca ofreció un gran baile en la corte y le mandó un recado a la Reina, para que compareciese con todas las aiguillettes que él le había dado. La Reina sabía que le faltaba una. Pero el Duque de Buckingham estaba en Inglaterra… Ella quedó asustada, porque percibió inmediatamente la bellaquería del Cardenal Richelieu; llamó al héroe de la novela de Dumas, D’Artagnan (5), y le narró la situación. Ella tenía la certeza de que el Rey, cuando entrase en el salón, se dirigiría a ella – es natural, pues era la Reina – como primer personaje del baile a quien él saludaría. En ese momento los cortesanos de todo el cuerpo diplomático convidados al baile harían un círculo para ver al Rey y a la Reina saludarse, y el monarca contaría con la mirada el número de las aiguillettes portados por ella y diría:
Madame, le falta una aiguillette, ¿dónde está?
Ella diría: – Señor, no sé.
Y él respondería:
– Lo tengo aquí conmigo…
Lo que equivaldría a decir: “Yo sé todo”. Entiendan la historia.

Destello de otros tiempos

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D’Artagnan con la Reina

Ella, entonces, le pidió a D’Artagnan que fuera a Inglaterra y le rogara al Duque de Buckingham que le devolviese la aiguillette; si el viaje salía fabulosamente, él podría llegar a tiempo para el baile.
D’Artagnan inmediatamente dejó a la Reina, tomó el caballo y comenzó la correría. No preciso decir que yo no le prestaba atención a la correría. “Le tomó tantas horas para ir de tal lugar a tal otro…”, poco me interesa. Lo interesante es la llegada a Inglaterra. Un poco de atraso en ser atendido por el Duque de Buckingham ya le podía hacer perder la ocasión. Pero él consiguió por medio de artificios, ya no me acuerdo cuales, llegar a Londres en el momento exacto. El Duque de Buckingham le entregó la aiguillette, él la guardó con cuidado, se retiró y volvió a Francia a toda prisa.
Poco antes de comenzar el baile – tenía que ser… – él llegó, hizo una gran reverencia, la Reina lo saluda majestuosa y le pregunta afligida en extremo:
Monsieur D’Artagnan, ¿trajo lo que le pedí?
Nuevamente una gran reverencia, y él responde:
Madame, aquí está la aiguillette.
Ella se puso todas las aiguillettes y, como ya era el momento, partió tranquila para el encuentro con el Rey. Cuando llegó, percibió que el monarca tenía en la mano un pequeño objeto. Él la saludó y dijo:
Madame, ¡qué bonitas están las aiguillettes en vuestro cuello!
– Es verdad.
– Yo tengo una más para daros.
Ella se colocó aquello con elegancia y naturalidad, el Rey la invitó a bailar, y Richelieu se quedó sin nada qué decir…
¿No es verdad que una narración así nos da un destello de otros tiempos?

(Extraído de conferencia del 4/9/1986)

1) Alejandro Dumas (*1802 – †1870), escritor francés.
2) Del francés: “dulzura de vivir” y “Antiguo Régimen” (sistema social y político aristocrático en vigor en Francia entre los siglos XVI y XVIII).
3) Pintor francés de origen flamenco (*1602 – †1674).
4) George Villiers, primer Conde de Buckingham y posteriormente Duque de Buckingham. Importante estadista inglés (*1592 – †1628).
5) Charles de Batz-Castelmore, Conde de Artagnan (†1673).

Amó apasionadamente al Sagrado Corazón de Jesús

Doña Lucilia era una especie de reflejo, de una belleza incomparable, de Nuestro Señor, a quien amaba apasionadamente. Viéndola y percibiendo cómo adoraba al Sagrado Corazón de Jesús, se comprendía cómo Él era digno de todo amor, y se pasaba a participar de la adoración que ella tenía al Redentor.

Está en el espíritu del hombre que él, aun cuando sea muy indolente, muy perezoso, muy sin pasión, sea apasionado.

Actitud del hombre al sentir que algo de lo que le gusta está amenazado

Museu de arte sacra, São Paulo

 Sagrado Corazón de Jesús
Convento de la Luz, São Paulo

Por ejemplo, un individuo muy perezoso que se levanta en la mañana sin ánimo, va a trabajar aún con más horror, vuelve a almorzar y querría pasar el día en casa durmiendo. Es un hombre flojo y, por lo tanto, en apariencia, sin pasión; se diría que no es capaz de tener un amor apasionado. Pero cuando se examina a fondo esa situación, se nota que él tiene un amor apasionado a la inercia, a la pereza, y si alguien lo busca para hacerlo trabajar y salir de la pereza, puede volverse una fiera. De donde se ve que hasta el hombre en apariencia no apasionado tiene su mente hecha de tal manera por el Creador que, de hecho, tiene pasiones. En este caso una pasión pésima: la pereza.
Yo me acuerdo, en mi tiempo de infancia, de un compañero muy perezoso. Pero cuando se tocaba algún punto en el cual era melindroso, él se apasionaba. Y apasionándose, revelaba en aquella materia una capacidad de reacción, aunque se pensara que él o era capaz absolutamente de nada.
La pasión es algo unitario existente en lo más profundo de la psicología humana, que el hombre ama más que todo el resto, porque todas sus apetencias se dirigen hacia eso. Y lo ama apasionadamente cuando tiene la noción clara de que lo que le gusta y, sobre todo, cuando siente que eso está amenazado. Ahí la pasión puede encenderse y hacer a un hombre, que es muelle como una guacamaya, capaz de volar como un águila.

Cómo amar a Dios apasionadamente

cropped-sec3b1ora_doc3b1a_lucilia_009.jpg¿Cómo hacer que nuestras almas se vuelvan hacia Dios de tal modo que lo amen apasionadamente? De la siguiente manera: El hombre, por el principio de semejanza, tiene el deseo de conocer y entrar en contacto con personas que tengan un alma semejante a la suya. Y cuanto más el alma es semejante, tanto más gusta de esa persona. Y si esa semejanza es notable, puede dar en un verdadero entusiasmo, en una amistad modelo, de modo que uno encuentra en el otro una especie de identidad con el ideal que él mismo tiene. Entonces, ambos se estiman. La persona que tiene la noción de las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre el Sagrado Corazón de Jesús, conoce buenas imágenes que le proporcionan una idea de cómo es Él, percibe que el Corazón de Jesús está hecho para que todos se apasionen por Él. Porque, como Nuestro Señor posee todas las perfecciones, todos los hombres pueden encontrar en Él a su modelo divino y la perfección que les gustaría tener, y mantener con Él una relación cotidiana. Entonces, la persona que tiene la felicidad de conocer a Nuestro Señor Jesucristo, el cual en el trato con ella le hace notar cómo Él es su arquetipo, su plenitud, y cómo el individuo que no lo conoce no es nada, es polvo; esa persona naturalmente se vuelve hacia el Corazón de Jesús con un amor apasionado.

El Corazón que tanto amó a los hombres y por ellos fue tan poco amado

Eso fue lo que yo conocí en Doña Lucilia.
En el techo de la Iglesia del Corazón de Jesús, en São Paulo, está pintada una escena de Nuestro Señor dentro de una capillita, apareciendo en medio de unas nubes sobre el altar, y dirigiéndose a una monja arrodillada a sus pies: Santa Margarita Alacoque, una campesina francesa que se hizo religiosa y, en consecuencia, tenía una cultura y una inteligencia mayores que las de una campesina común. El Divino Salvador le muestra, en su pecho abierto, su Corazón, con un gesto muy bonito de un Rey ostentando su condecoración, y le dice: “Hija mía, ¡he aquí el Corazón que tanto amó a los hombres y por ellos fue tan poco amado!”techo
Es la censura que Nuestro Señor hace, porque Él ama a los hombres con un amor infinito, y los hombres lo aman tan poco. Al fijar su mirada en la monja, Él ve al género humano: Jesús tiene lástima de ella, así como tiene lástima de todos los hombres. Y cada persona que viera a Nuestro Señor y contemplara su alma, tendría una comprensión perfecta de que el Redentor la ama de tal manera que agota todo el deseo de ser amado que puede existir en un hombre.
Naturalmente, eso no es así en la amistad terrena, en la cual hay so lo una magra analogía con eso. Pero en la amistad entre Dios y los hombres esto es así. El Creador mira a los hombres con ese desbordamiento de afecto, que ellos querrían recibir de parte de todas las personas que los conocen y vivir inundados de ese afecto. Así es como yo veía que Doña Lucilia amaba al Sagrado Corazón de Jesús. Muchas veces yo iba con ella a Misa a la Iglesia del Corazón de Jesús: me arrodillaba a su lado, naturalmente. Yo percibía que mi madre le rezaba sin estar mirando hacia arriba, pues sería una cosa que no tendría mucho propósito, sino teniendo en mente aquel cuadro y la realidad representada por él. Es decir, la serenidad, la elevación, la tranquilidad, la santidad superior a cualquier elogio, pero también la compasión, la paciencia, el deseo de favorecer, de acariciar a cada persona, que había en Nuestro Señor, haciendo que Él, por así decir, absorbiese a cada criatura humana.

Comparación conmovedora empleada por Nuestro Señor

Jesús comiendo en casa de Simón el fariseo (Detalle) - Paolo V

Vemos en el Evangelio una expresión de eso, que considero lindísima. Nuestro Señor, acompañado por los Apóstoles, camina hacia el Huerto de los Olivos, donde Él iba a iniciar su Pasión que lo conduciría hasta la Muerte. En cierto punto, donde se veía muy bien la ciudad y el Templo de Jerusalén, pararon y los discípulos comenzaron a comentar entre sí cómo era bonito el Templo. Jesús se puso a llorar y ellos preguntaron por qué. Y ahí viene la expresión conmovedora. Él dijo: “¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina hace con sus polluelos, pero tú no quisiste! ¡Ahora va a caer sobre ti la desgracia y el castigo!” (cf. Lc 13, 34).
Esa comparación empleada por Nuestro Señor, mostrando que Él nos ama así como una gallina aprecia a sus polluelos y los quiere recibir bajo sus alas, es conmovedora. No hay amistad humana que se exprese en esos términos; no creeríamos en ella. Es demasiado grande para el corazón del hombre, pero no para el Corazón de Jesús. Entonces, el más vil, el más pecador, el más inferior de los hombres, sabiendo que él es amado así por Nuestro Señor, queda agradecidísimo, con ganas de estar junto a Él el tiempo entero para regenerarse, para hacerse como Jesús y amarlo como un reflejo del amor con que el Redentor lo ama. Ahí se da la junción de almas propiamente ideal, que hace que los hombres puedan sentir tranquilidad y esperanza.

 El alma de Doña Lucilia era una especie de reflejo de Nuestro Señor

Yo veía que Doña Lucilia tenía eso en un alto grado. Por la Revelación, mi madre conocía con perfección cómo era el amor de Nuestro Señor a ella, y lo retribuía con un amor parecido con el amor de Él. De tal manera que ella tenía una confianza sin límites en su misericordia, le pedía perdón por sí misma, porque toda criatura humana tiene defectos, y también por aquellos a quien ella amaba, y hasta por aquellos que no la amaban, pero a quienes ella quería hacer el bien. Todo esto hacía de su alma una especie de reflejo de Nuestro Señor, de una belleza incomparable, haciendo propicio amar a Jesús apasionadamente, es decir, por encima de todo, sin comparación con nada, pero de modo a absorber por entero nuestra capacidad de adorar.
Esto se daba en Doña Lucilia de tal manera que, mirándola y percibiendo cómo adoraba a Nuestro Señor, se comprendía cómo Él era digno de toda adoración, y se pasaba a participar de la adoración de ella hacia Él. De ahí resultaba también el hecho de que ella lo amaba más que a todo en el mundo y lo colocaba por encima de cualquier cosa que ella pudiese querer.

Si fuese para una Cruzada, Plinio sería el primero en partir

3p197Mi madre tenía un hermano que, en cierto momento de su carrera política, ocupó el cargo de Secretario de Estado en São Paulo. Era el primer cargo después del Gobernador del Estado. Cuando él era Secretario de Estado, estalló una Revolución en Brasil y el Gobierno comenzó a convocar a los jóvenes para inscribirse, a fin de luchar contra los revolucionarios. En ese período él fue a casa de su madre, donde nosotros vivíamos, para el efecto común de ver a su madre y a su hermana. Terminada la visita, él salió y mi madre y yo fuimos a acompañarlo hasta la puerta de la casa. Cuando llegamos a la puerta, él, un hombre de buena altura, mientras que ella era baja, se sirvió de eso, y notando que ella no se estaba dando cuenta, me guiñó el ojo como quien dice: “Me voy a divertir jugando un poco con ella, y vamos a ver ella qué va a hacer.”
Le dijo:
— Lucilia, ahora debes prepararte para un gran sacrificio, porque el Gobierno está convocando a todos los jóvenes para ir a la lucha, teniendo en vista la manutención del Gobierno contra los revolucionarios: por lo tanto, Plinio tendrá que ir también. Vas a sufrir mucho con eso, pero no hay remedio.

En lo que él dijo, había una especie de provocación jocosa, de jugarreta, porque ella tenía solo un hijo y él tenía unos cinco o seis. Él no hablaba de mandar a sus hijos, sino de mandar al hijo de ella.
Era para fastidiarla. Además, él era miembro del Gobierno y sus hijos tenían más obligación que un simple sobrino.
Él añadió:
— Plinio va a tener que partir, prepárate para sacrificar a tu hijo.
Ella no se dio cuenta de que él estaba bromeando. Entonces, levantó
la cabeza y dijo:
— Gabriel, eso nunca. Sacrificar a mi hijo por esas revoluciones de políticos en que no hay ningún interés para nadie, solo para Uds. los políticos, no lo hago.
Yo estaba callado, porque sabía que él estaba jugando con ella y después iba a deshacer la jugarreta.
Mi madre se quedó toda rígida, casi hasta más alta, y afirmó:
— Ten la certeza de que no lo haré.
— Mira, estoy jugando, diciendo eso solo por molestarte. Pero ahora respóndeme lo siguiente: ¿si el Papa convocara a Plinio para ir a una Cruzada, tú lo mandarías?
— Ahí todo es diferente, el primero en partir tenía que ser él.
Medio entre dientes, para que ella no lo oyese, él –que no era católico practicante– me dijo:
— ¡Ve la fuerza de la Religión! Lo que la política no consigue de una madre de ningún modo, cuando la Religión quiere, lo obtiene.
Ahí él la agradó un poquito, todos nos reímos y él se fue.
Pero el espíritu de ella se mostró bien claro. Si era para el Sagrado Corazón de Jesús, para Nuestra Señora, para la Santa Iglesia Católica, Esposa Mística de Nuestro Señor Jesucristo, todo. Inclusive un hijo a quien ella quería mucho: ¡vete a la lucha! Esto es amar apasionadamente.

(Extraído de conferencia del 5/3/1994)