Cartera perdida en Sao Paulo

Antonio Zinatto Bueno Lopes, de São Paulo, se sintió especialmente protegido por Dña. Lucilia al recurrir a su intercesión y comprobar su maternal auxilio:

“Me desplazaba de casa hasta la estación de metro Santana para dejar a mi hijo y cuando me bajé del coche para sustituirlo al volante, mi cartera, con todos los documentos, se cayó del bolsillo de la cazadora sin que me diera cuenta.

“Cerca ya de casa me percaté de ello y regresé al sitio donde había parado el vehículo, pero no encontré nada. Empecé a preocuparme, por las razones y perturbaciones que conlleva.3p196a

“Aquel mismo día por la tarde comenzaba un congreso de cooperadores de los Heraldos del Evangelio. Durante la Misa pedí gracias para tranquilizarme, para poder aprovechar el evento y recurrí a la intercesión de Dña. Lucilia, a fin de que algún alma generosa localizara mis pertenencias y entrara en contacto conmigo.

“El lunes después del congreso tomé las oportunas providencias sobre el asunto y continué la vida normalmente. El jueves, encontrándome en la parroquia de Santa Ana, en la zona norte de São Paulo, ante el Santísimo Sacramento, suena mi teléfono: era una sobrina mía que me dijo que la jefa de la oficina de Correos de São Paulo había llamado a su padre —mi hermano— para preguntarle por mí, pues lo había localizado a él y no a mí en las averiguaciones que hizo, y le avisaba que estaba en posesión de mis documentos.

“Una vez que terminé mis oraciones la llamé y me contó qué era lo que le había llevado a dar tal atención al caso. Me dijo que diariamente pasan por allí alrededor de 2000 documentos perdidos y que es imposible llamar a todos. Pero en mi caso, al comprobar la documentación, vio la fotografía de una señora mayor que le llamó la atención. Al mirar la fecha de nacimiento en el reverso de la foto pensó: ‘Madre de él no es, quizá su abuela…’. Decía: ‘Lo que sentí viendo la fotografía… bondad, serenidad y acogida; esto me tocó mucho, pues además había perdido a mi madre recientemente y estaba muy abatida, triste, y la foto me consoló. De ahí que tomara esta resolución: en este caso seré yo misma la que llamaré’. “Convenimos día y hora para vernos en la oficina de Correos y hacer la debida entrega. Esa foto, claro, está muy bien guardada y me acompaña siempre en cualquier situación.”

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