Egoístamente me estremecí de alegría

La lentitud en la entrega de la correspondencia les dejaba a doña Lucilia y al Dr. Plinio perplejos. Así, en la posdata de la carta del día 25, el Dr. Plinio informaba a doña Lucilia:

Acabo de llegar de la Embajada y del consulado: ¡qué sorpresa! Ni carta suya ni de papá, Rosée, Adolphinho ni de nadie del 6º piso. (…) ¿Cómo se explica?

Con certeza, la lectura de estas líneas afligió a doña Lucilia. Había enviado varias cartas a su hijo y ¿éste no las había recibido? Felizmente, dos a tres días después, una nueva misiva borraría sus preocupaciones:

cap12_004Mãezinha del corazón
Recibí por fin una carta suya, de Rosée, Maria Alice, Papá. Para todos, muchas gracias. Trataré en esta carta de enviar un recado para cada uno, pues, después de unos días muy buenos en Madrid, debo ir mañana a San Sebastián, camino de Lourdes y París. Gracias a Dios, el viaje está siendo superior, y con mucho, a mi expectativa. Espero partir de Europa rumbo a la deliciosa y saudosa calle Alagoas y a la deliciosísima y saudosísima compañía de mi incomparable Lú, hacia fines de agosto o primeros de septiembre. De esta manera usted puede ir preparando el “vatapá” (Plato típico de la cocina del Estado de Bahía, hecho de pescado o pollo, con frutos secos, leche de coco, y gran cantidad de especias ).
Como Papá es el gran técnico en degustación, es bueno que se vaya preparando.
Me he quedado muy contento con lo que Rosée me ha escrito sobre sus joyas, ¡pero la mejor joya es tener una hija de temple! Un beso para ambas. (…)
Mil millones de besos para usted, mi amor, abrazos afectuosos para Papá.
A ambos pido la bendición. (…)
Plinio

En medio del tono general auspicioso de esta carta, algo entristeció el corazón materno: su hijo tardaría en regresar más de lo que ella había imaginado. Pero doña Lucilia recibió esa noticia con toda tranquilidad de espíritu, pensando en el bien del Dr. Plinio.
En la carta siguiente, como en otras incontables ocasiones, el Dr. Plinio pudo contemplar un vivo ejemplo de esa paz en el alma de su madre:

São Paulo, 6-VIII-52.
¡Hijo querido de mi corazón!
Esta mañana tuve el gran placer de recibir otra carta tuya venida aún de Madrid, fechada el …??! ¿Por qué no colocas la fecha en tus cartas? Después del telegrama recibido hace algunos días en el “sexto” piso, todos hemos enviado nuestras cartas a París — Regina Hotel. No sé exactamente por qué los jóvenes dedujeron de tu telegrama que habías anticipado tu venida para el próximo día dieciséis. Egoístamente me estremecí de alegría, pero, por la carta de hoy, me he armado de nueva paciencia, pensando que, a fin de cuentas, eres algo más que una máquina humana de trabajo. Es forzoso que antes de recomenzar aquí la lucha te distraigas y descanses un poco. ¡”Así debía hacer el tamoio” ! (Es un dicho. Los tamoyos eran unos indígenas pertenecientes a la familia de los tupíes) ¡Se nota que la expectativa de Adolphinho ante tu regreso es ansiosa! Rosée y Antonio están pasando quince días en Paraná y Maria Alice y Eduardo, fueron con su suegro. Debían haber vuelto el sábado o domingo, y hasta hoy no han llegado. Todos los viajes hechos en avión… Dios mío… ¡Me pongo tan nerviosa! ¿Te has acordado de mandar celebrar la Misa en el altar de Nuestra Señora de Begoña, conforme te he pedido en todas las cartas? Si no lo has hecho, escribe desde ahí para que lo hagan. Dora y Telémaco ya han vuelto de Campos del Jordão, y parten para Inglaterra el próximo día 19.
Me han contado que el Padre Demarais está despertando gran interés y entusiasmo con sus conferencias. Las salas quedan repletas, sobre todo de hombres.
Saluda a tus amigos de mi parte, y con mis bendiciones, muchos abrazos y muchos besos, recibe el corazón saudoso de tu madre extremosa,
Lucilia
Cuando te vea llegar, ¡creo que voy a pensar que no es verdad!
N.B. Gracias a Dios he tenido buenas noticias de Maria Alice. Llegó bien, y siguió para Guarujá, donde pasará unos días.

Con la intención de evitarle a su madre cualquier aflicción, el Dr. Plinio procuraba siempre regresar algunos días antes de la fecha marcada. Don João Paulo aprobaba este procedimiento de su hijo, como podemos ver en este trecho de una carta del 7 de agosto:

Ahí va una carta más de Lucilia que, en la desconfianza, o mejor, ante la incertidumbre de tu salida de París, ha decidido escribir. Aprovechando “el portador”, es decir, el mismo sobre, también te envío esto. Por mi parte, supongo que tu regreso no será a comienzos de septiembre, como dices, sino en el transcurso de este mes, de manera que Lucilia sólo lo sepa cuando llegues a Río o a São Paulo, lo que por cierto, me parecería apropiado.

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