Una vez más, no desamparó

Afligida ante una perspectiva tan horrible, Cristiane entendió que solamente del Cielo podría recibir ayuda, y consagró su hijo nonato a Dña. Lucilia.

 Elizabete Fátima Talarico Astorino

En 2021, ante la jubilosa espera del nacimiento de Miguel, su segundo hijo, Cristiane se sintió conmocionada al recibir el diagnóstico de que nacería con síndrome de Down, posiblemente agravado con una cardiopatía. Por si fuera poco, también se constató que el bebé demostraba ya una disminución en su crecimiento, y la cardiotocografía indicaba que sus movimientos no eran los esperados en el período gestacional en el que se encontraba. En resumen, la gravedad de la situación era tal que no estaba clara ni para los propios médicos.cap13_001

Afligida ante una perspectiva tan horrible, Cristiane entendió que solamente del Cielo podría recibir ayuda, y consagró su hijo nonato a Dña. Lucilia.

A las treinta y siete semanas de embarazo, durante una consulta de rutina, le fue comunicado a la pareja la necesidad de realizar el parto aquel mismo día, teniendo en vista las condiciones que Miguel presentaba. «Fueron momentos de mucha angustia —cuenta la madre—. Estuve cerca de ocho horas recibiendo insulina para estimular el movimiento, pero él no respondía. Finalmente, el médico decidió hacer el parto por cesárea».

Ahora bien, contra todo pronóstico, Miguel lloró bastante al nacer y no hizo falta ningún auxilio respiratorio ni intervención quirúrgica. Fue directamente a los brazos de su madre. Así concluye Cristiane: «Tan pronto como lo tuve en mis brazos le agradecí de todo corazón a Dña. Lucilia este enorme milagro que era haber nacido bien».

(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, enero 2023)

Deja un comentario