“Insisto en que vengas cuanto antes”

De regreso a São Paulo, permaneció poco tiempo en la capital, pues en julio fue con doña Gabriela a Santos, donde estuvo hasta el final del mes. El desprendimiento, el deseo de hacer el bien y de convivir con su hijo son una constante en las cartas escritas por ella.

Santos, 16-7-929
¡Hijo querido!
Tu tía Zilí debía haberte entregado ayer una carta mía, y se olvidó de hacerlo debido a la prisa en que anduvo por ahí y a la preocupación con el asunto de la casa.
Insisto en que vengas cuanto antes, pues debemos regresar el día treinta, si Dios quiere, y ahora es una buena oportunidad para que reposes y cambies de clima, y en
mi compañía, lo cual es más difícil. No es necesario que esperes que la tal muchacha se encargue del empleo para poder salir, pues no tienes ningún compromiso con eso, y
aunque tu presencia fuese necesaria, te llamarían por teléfono. Ven pronto. Tu padre debe llegar ahí mañana temprano y venir por la tarde.
Te besa y te bendice mucho tu mamá extremosa,
Lucilia
Recuerdos a la Frau y a todos los de casa.

doña_luciliaLos estudios de Derecho absorben mucho a su hijo, quien tarda en ponerse en camino. Como las cartas se hacen raras, ya por el poco tiempo de que él disponía, ya porque el correo no las entrega, doña Lucilia se queja de no recibir noticias. Con palabras llenas de cariño, él se defiende de la “infundada” reclamación de su madre. La misiva, en tono levemente jocoso, nos da idea de cómo el carácter tradicional y elevado del trato del Dr. Plinio con ella permitía ligeras bromas, como sabroso condimento.

Mi Queridísimo amorcito.
Recibí hoy con muchas saudades su carta; sin embargo, al intenso
sentimiento de saudades se sobrepuso otro, el resentimiento. ¿Será posible,
Mãezinha, que piense que no siento saudades de usted por el simple motivo de haberle escrito una carta que no fue recibida ni respondida? ¿Será posible que piense que si no le escribí más es porque no tengo tiempo, pues me divierto continuamente? Es bueno, mi amor, que considere el hecho de que solamente he estudiado y nada más, y que a mis estudios, que ya de por sí eran muy apretados (me tengo que levantar a las 6 hasta los domingos para estudiar y sacar las buenas notas que
tanto la alegran) se añadió el de filosofía, mucho más intenso por causa del Supremo plinio_abogadoTribunal Federal (…) y la vasta Literatura Internacional. Dicho esto, que me parece más que suficiente no sólo para neutralizar su opinión respecto a mí sino para hacerle cambiar de idea, quiero tener noticias de su salud y de su “higadorio”, pues ya tratamos de su corazón injustamente lastimado.
¿Cómo está abuela? La casa sin ustedes está triste como una tumba y quien salva la situación es Rosée.
¿Cuándo vuelven?
Las relaciones que usted me consigue ya no me dejan en paz. (…)
No tengo que decir que esta carta es para abuela y para usted, pues las dos están en mi corazón de la misma manera.
Las abrazo y beso con cariño efusivo y les pido la bendición.
Plinio.

Como es fácil notar, durante las largas ausencias de doña Lucilia, Plinio trataba de atenuarle las saudades escribiéndole sobre su vida cotidiana, cada vez más tomado no sólo por los estudios, sino también por su apostolado en las Congregaciones Marianas.

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