Renata nos cuenta también un hecho que ocurrió durante el período de dieciséis días de internamiento de su esposo, a través del cual tuvo la plena certeza de que Dña. Lucilia lo estaba realmente protegiendo con especiales cuidados.
Elizabete Fátima Talarico Astorino
Renata Patricia Baía de Souza Cruz, de Belém (Brasil), también nos escribe para narrarnos una gracia alcanzada por intercesión de Dña. Lucilia durante el difícil período de la enfermedad de su esposo.
«El 8 de abril de 2019 a mi marido le diagnosticaron un adenoma de hipófisis que medía en torno a 4 centímetros. El tumor (benigno) había provocado una lesión en el nervio óptico, irreversible, y la cirugía, obligatoria en este caso, sería para salvarle la vida, ya que el tumor continuaría creciendo hasta el punto de oprimir el cerebro y causarle la muerte. La operación no era curativa para la ceguera en sí, pues la lesión ya tenía tres años.
«En junio de 2019, con ocasión del Primer Sábado, estuvieron con nosotros dos sacerdotes heraldos que se dispusieron a atender a mi marido en confesión y administrarle la sagrada Eucaristía. En esta visita, uno de ellos hizo el pedido a Dña. Lucilia de un milagro para el caso de mi marido. Rezamos e hicimos la petición juntos».
Y, según nos narra Renata, el resultado de esas oraciones no se hizo esperar: «La operación fue simplemente un éxito».
Misteriosa presencia junto al lecho
Renata nos cuenta también un hecho que ocurrió durante el período de dieciséis días de internamiento de su esposo, a través del cual tuvo la plena certeza de que Dña. Lucilia lo estaba realmente protegiendo con especiales cuidados:
«Yo lo estaba acompañando y, de repente, me pidió que le limpiara los ojos y me preguntó quién estaba soplando sobre ellos. Quería que esa persona dejara de soplar y de echarle como papelitos picados… Le dije que no había nadie más en la habitación; que sólo estábamos los dos. Pero él insistía afirmando que había alguien soplándole en los ojos y muy de cerca. Creía que era alguien de baja estatura por la proximidad con que sentía el soplo».
¿Habrá sido alguna «alucinación»? ¿O realmente había alguien más presente en aquella habitación? Según Renata, la respuesta para la segunda pregunta es sí: Dña. Lucilia se encontraba presente junto al lecho de su esposo, acompañándolo con especial desvelo en su recuperación, que vino a superar todas las expectativas:
«Para nuestra sorpresa, su vista fue mejorando cada día más y después de veinte días de internamiento le dieron el alta. Al llegar a casa, bajó del coche en el aparcamiento solo y me dijo que no me preocupara. Estaba viendo y conseguiría llegar hasta el ascensor sin ayuda. Yo me quedé realmente perpleja en ese momento, pero exultante de alegría por ser testigo de un gran milagro, pues contrariaba todas las previsiones médicas sobre la lesión ocular irreversible.
«Me dijo además que estaba viendo mejor con el ojo derecho, en el que había recibido más soplo, pero el ojo izquierdo ya lo tenía abierto hasta la mitad y actualmente siente que se ha abierto un poco más todavía, lo que nos deja muy felices».
(Extraído de Revista Heraldos del Evangelio, marzo 2021)